Aguja e hilo, aquí sanamos las heridas del alma creando juntos lazos de solidaridad

Coser es un acto que requiere lentitud, cuidado y precisión. Pasar el hilo por el ojo de la aguja, estirarlo, anudarlo, poner un punto en la tela. Lo mismo sucede con las heridas del alma: se necesita la misma prudencia y mucha atención para suturarlas.

El ingrediente secreto, sin embargo, es la cercanía de otras personas, que hacen juntos el mismo camino. Este también es un arte que se puede aprender con paciencia, juntando dedos, pensamientos y palabras en una tarde de taller “femenino” de la Officine Tantemani, un proyecto de la Cooperativa Social San Vincenzo. «Es un grupo de mujeres – explica Francesca Moroni, educadora y gestora de esta actividad – con y sin fragilidad. Algunos de ellos se han enfrentado a situaciones difíciles como la cárcel o periodos de aislamiento social».

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