Casting para anoréxicas, la amnesia de un escándalo: hace 10 años les dieron el león de oro a quienes las subieron al escenario, con obesas y laringectomizadas. Una chica de 25 años y 27 kilos se deja matar para escalarla

Hoy causa escándalo y enfado, pero hubo un tiempo no muy lejano en el que se entregaban Leones de Oro a la Trayectoria a quienes subían a los escenarios a las anoréxicas. Y no solo esos, sino también actores obesos de más de doscientas libras y laringectomizados. Todavía se percibe el eco defundición indescriptible para chicas anoréxicas en un programa de Mediaset TV que vuelve a la memoria otro “uso” de niñas anoréxicas en un escenario teatral, sin ánimo alguno de problematizar la enfermedad. Hablemos de la Julio César puesta en escena por la empresa Sociedad Raffaello Sanzio en 1997 dirigida por hermanos claudia mi Romeo Castellucci, y por su esposa Chiara Guidi. La compañía Cesenate literalmente “de culto” desde hace más de treinta años en el panorama de la experimentación y la investigación teatral, conceptual y políticamente intocable, venerado con fe incondicional del mundo de la crítica italiana e internacional.

Pocos recuerdan hoy un trágico hecho que afectó la puesta en escena de aquel espectáculo. Era elverano de 1998 y una joven boloñesa de 25 años reducida a piel y huesos fue encontrada acurrucada dentro de una pequeña obra en una calle de la ciudad, después de haber desaparecido varios días antes. Su nombre era Chiara Gentili, pesaba 27 libras. Llevaba varios años con anorexia, enfermedad que la había obligado a varias hospitalizaciones y ausencias del Bologna Dams, donde se había graduado. Ella soñaba con ser actriz. Para ello se había presentado al casting de La tormenta del tiempo Teatro Clandestinootra importante empresa de investigación, muy alejada de las prácticas de Sociedad. Il Clandestino buscaba una niña pequeña y delgada para interpretar a Ariel. Chiara fue tomada, pero tan pronto como comenzaron los trabajos de preparación, los directores de la entonces empresa, Fiorenza Menni y Pietro Babina, notaron que la niña mostraba signos de desgaste orgánico, de un grave problema de anorexia que no podía manejar. Mientras tanto Dal Clandestino le sugirió que la forma de teatro no podía ayudarla a sanar, la reemplazaron por otra actriz y al mismo tiempo trataron de estar cerca de ella, de ayudarla, pero quienes vivieron de cerca la historia en esos días recuerdan que la chica era esquiva, tendía a esconderse, a aislarse.

Más tarde, Gentili fue reclutado por el Sociedad interpretar bruto en Julio César. El momento de un estreno internacional en Holanda y Chiara desaparece de repente. Y la encuentran muerta con un peso de 27 kilos al final del festival de teatro en Santarcangelo di Romagna. Se dice en aquellos días que la Societas buscaba ansiosamente a Chiara, pero el grupo tenía que partir para Niza, y de allí tendrían que llegar a Avignon, donde se representaría el “Julio César” en el Festival de Teatro. El avión partió sin ella, y el director de Raffaello Sanzio tuvo que buscar otra actriz para reemplazarla en el último momento.

De la puesta en escena de Castellucci & Co sólo nos queda crítica entusiasta, aunque a ese escenario subieron Chiara y otra chica anoréxica, un hombre de doscientos kilos y otro hombre sin laringe. Derecha Alessandra Galante Garroné, fundador de la histórica Escuela de Teatro de Bolonia, se atrevió a lanzar durísimas críticas contra quienes habían decidido hacer actuar a una niña enferma, reducida a ese estado. “No conocí a Chiara personalmente – dijo entonces que era una República – pero puedo decir que es un delito haberla permitido actuar en esas condiciones”. Por lo demás, sólo admirados aplausos y elogios, la crítica homenajea el “apocalipsis visual” de la compañía de teatro Cesena.

El teatro de las Societas se asocia conceptualmente a un alejamiento del llamado “testocentrismo”, donde la palabra tiende a desaparecer para utilizar, de hecho, al extremo el axioma de que los actores para ser “mero cuerpo”. Como escribe el crítico autorizado Oliviero Ponte di Pino en Romeo Castellucci y Societas Raffaello Sanzio (Doppiozero): “En Julio César (…) esta cualidad del actor es objeto de un complejo juego irónico de claro sabor magrittiano: sobre el cadáver de Casio (en la segunda parte interpretado por una chica anoréxica) aparece un signo colocado: “Ceci n’ est pas un acteur”. El objetivo es hacerlo “.terminó, de la manera más radical posible, con la representación, en la representación“. Y otra vez: “En la primera mitad, Brutus y Cassio son interpretados por dos viejos, que en la segunda mitad se convierten en dos niñas anoréxicas”.actrices extremadamente delgadas, cuya delgadez remite a la idea del marco”.

Es el mismo Castellucci, galardonado en 2013 con el Leone d’Oro en el Bienal de Teatro de Venecia para mostrar algunos crueldad moral para perseguir el ideal teatral de uno. en mipapa della polvery (Ubulibri), el dramaturgo de Romaña, hoy en día a menudo lidiando con la dirección de las óperas wagnerianas, afirma: “Los anoréxicos rechazan la comida como aquí nos falta el texto”. Unas líneas después, recordando a la otra actriz anoréxica del escenario, explica: “Hay quien me pregunta si lo que vemos es cristiano o no. Quizás no sé. Pero tal vez respondo que es cristiana, y hace el papel de la actriz que al final amanece con el beso de ese príncipe que la eligió entre mil, porque a sus ojos es la más bella, la más preñada de vida. , a un paso del esqueleto“. En definitiva, el clima en el escenario de Julio César en 1997 es este. Sin olvidar para un enfermo el esfuerzo físico y psíquico para afrontar las largas giras teatrales internacionales que requería la Societas en su momento, como en tiempos más recientes. Aunque hoy el axioma teórico/práctico de sustituir la palabra por el cuerpo del actor en la Societas ha asumido ahora tonos menos exasperados (basta ver la “blasfemia” sobre el concepto de rostro en el hijo de Dios donde el protagonista es un anciano que sufre de la disentería y las heces se pueden ver pero no oler) la pregunta sobre el uso de las niñas anoréxicas con la enfermedad que se convierte en un paspartú “convertirse” en artistas sigue siendo lícito y actual.

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