Cinco momentos críticos del viaje del Apolo 11

Luis manuel García López-Mayordomo

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Antes de partir Neil Armstrong le daba un 50 por ciento de probabilidades de éxito a la misión que debía llevar a cabo por primera vez al hombre a la luna. Era una forma suave de decir que tenían esas posibilidades de volver con la vida.

No se trata solo del riesgo inherente a “cabalgar” a lomos del enorme cohete Saturno V, cuya primera fase es la máxima potencia producida más energía que todas las centrales eléctricas de Inglaterra juntas. Hubo al menos otros cinco momentos en los que los tres astronautas se mezclan en una sola carta.

1. Inserción en órbita lunar: como jugar a las 7 y media.

Para poder entrar en la órbita alrededor de la Luna, la nave espacial debe ser su velocidad mediante el uso de su cohete. Esto fue como el famoso juego de cartas de los 7 y medios: o te pasas, o no llegas. Si el cohete fallaba y la nave no frena, seguiría su trayectoria adentrándose en el espacio hacia una muerte segura. Y si frenaba demasiado, en lugar de quedarse en órbita, se estrellaría directamente contra la superficie de la Luna. El cohete funcionó perfectamente.

2.Alunizaje y alarmas: El hombre de hielo.

El impresionante documental Apolo XI, que estos días se exhiben en los cines, consigue transmitir la angustia de un viaje de solo tres minutos desde la órbita lunar a la superficie a bordo del Águila, el Módulo Lunar del Apolo 11, con alarmas crípticas saltando varias veces durante el descenso, y he tenido cada vez que fiarse de que deberías seguir adelante. Hasta alunizar cuando quedé menos de 20 segundos de combustible, tras haber tenido que desconectar el sistema automático y guiar la nave manualmente para evitar aterrizar en un "campo del fútbol", según explicé el propio Armstrong nada más alunizar.

En el momento del alunizaje, el corazón de Neil Armstrong latía a 155 pulsaciones por minuto. Todos los compañeros astronautas le llamaban desde el principio el Hombre de Hielo. Lo demostró sobradamente.

3. Despegue de la Luna: Mejor te vas, porque si te quedas … te quedas para siempre.

Llamar la atención en el documental Apolo XI La cara de la atención del personal del Centro de Control de la NASA en Houston en el momento anterior al despido del Águila desde la superficie de la Luna. No era para menos, porque cualquier fallo se había limitado a los dos astronautas en la superficie lunar para siempre. El cohete hipergólico del módulo de ascenso del módulo era lunar lo más sencillo posible: basta con abrir una válvula para que el combustible se pueda mezclar en la cámara de encendido con el combustible y se produzca la ignición, que a partir de ese momento continúe de forma espontánea. Pero una cosa era la teoría, y otra cosa distinta que todo fuera bien. Funcionó sin problemas.

4. Salida de la órbita lunar.

Otra vez un cohete hipergólico para acelerar y escapar de la gravedad de la Luna. En el caso de que no hubiera funcionado, la nave se habría convertido en un satélite artificial permanente de la Luna … y en la tumba espacial de los primeros hombres que pisaron la Luna y el tercer astronauta que se mantiene en órbita alrededor de la Luna

5.Reentrada en la atmósfera terrestre. Mucho mejor que Guillermo Tell.

Conforme a la gravedad de la tierra ejercite su "tirón" sobre la nave espacial durante su viaje de regreso, el Apolo 11 aceleró hasta alcanzar una velocidad de más de 40.000 km / hora (es decir, más de 32 veces la velocidad del sonido) en el momento de comenzar a tocar la atmósfera terrestre (a unos 100 kilómetros de altura sobre el nivel del mar). La nave estaba preparada para soportar el calor de la fricción con la atmósfera, y el hecho de utilizar la fricción como el sistema de frenado, la transmisión de una llamada de fuego, generando un rango superior a los 2.500 grados.

Pero para evitar la desintegración, la nave tenía que entrar en la atmósfera con una trayectoria tan precisa como la hazaña de Guillermo.

Para mejorar el suspenso, las comunicaciones con la nave se perdieron para entrar en la atmósfera, la única manera de saber que la reentrada había tenido el éxito de la vida. de altura sobre el nivel del mar. Aproximadamente en ese momento se recobró también la comunicación por radio con la nave. El resto es historia.

Toda esta hazaña fue posible con unas naves controladas por un ordenador principal de 48KB tamaño de una maleta de cabina de avión, que se utiliza como un mecanismo de memoria de varios cables de cobre. Era una maravilla tecnológica para su época, y cumplió su misión.

Pero sobre todo, la hazaña fue posible gracias al esfuerzo de los kilómetros de personas que hicieron posible el Proyecto Apolo. Y por tres tipos que tenían lo que hay que tener.

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Luis manuel García López-Mayordomo es abogado, y con 8 años escribía cartas a Wernher von Braun.

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