Francia abre la segunda vuelta con la movilización de los electores

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Tres meses después de la primera vuelta de los comicios municipales, Francia vuelve a poner en marcha su maquinaria electoral. La que empezó ayer no será, sin embargo, una campaña como las otras. Sin apretones de manos ni mítines con cientos de personas, los candidatos deberán tirar de imaginación para conseguir movilizar a un electorado que el 15 de marzo decidió masivamente quedarse en casa.

Los encuentros virtuales y las redes sociales se convertirán en los reyes de las dos semanas que quedan por delante. Esta va a ser una campaña sin contacto, por lo que los puerta a puerta se van a sustituir por ejércitos de teleoperadores y por envíos masivos de mensajes de texto. El día de la votación también será muy distinto a lo habitual: la mascarilla será obligatoria y, como en la primera vuelta, los colegios deberán asegurarse de que hay gel hidroalcohólico.

El coronavirus no solo ha sacudido la campaña, también ha forzado a los candidatos a dar un vuelco a los programas electorales. Francia no es la misma de hace tres meses, las medidas sanitarias y las de reactivación económica han pasado ahora a primer plano, y serán uno de los grandes desafíos que moverán a los ciudadanos el próximo 28 de junio en la segunda vuelta de las municipales.

Pero para ello hay que conseguir primero que los electores acudan a las urnas, algo que no parece fácil. Los sondeos indican que podría batirse un nuevo récord de abstención: solo el 38% de los votantes se ha mostrado dispuesto a desplazarse a los colegios electorales para elegir a los cerca de 5.000 alcaldes que aún están en liza, según una encuesta publicada ayer. Eso significaría una participación de más de seis puntos por debajo de la de marzo, que ya fue desastrosa. El temor al virus condiciona a muchos, sobre todo a las personas de mayor edad y más vulnerables. En Francia, además, no se puede votar por correo, aunque sí se puede hacer una derogación, es decir, autorizar a otra persona para que vote en su lugar.

El Covid-19 ha puesto patas arriba la escena política, y muchos candidatos se encuentran, además, con un hándicap. Si habitualmente la campaña entre las dos vueltas dura una semana, la suspensión de los comicios durante estos tres meses ha permitido a los alcaldes que se presentan a la reelección a multiplicar sus intervenciones públicas ante los votantes. En casi todas partes se ha visto a regidores muy activos sobre el terreno durante la crisis sanitaria, inaugurando carriles bici, o abriendo las arcas municipales para ayudar a los más golpeados por la epidemia. Una exposición que sus oponentes califican de campaña encubierta.

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