Imanol Arias y Carlos Saura ya no esperan ninguna carta.

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En un camerino del teatro Infanta Isabel, Carlos Saura, con una cámara digital Fujitsu colgando de su cuello, llama a Imanol Arias.. «Imanol», levanta la voz hacia el pasillo. Lo espera de pie, algo incómodo, tal vez aún con la sensación del embotellamiento que lo esperaba en la entrada de la ciudad, mientras el actor posa para la cámara entre las paredes verdes de la sede de Madrid.

"Te ves muy elegante", le dice Saura cuando el actor entra y elige una silla de madera de espaldas a la puerta. Detrás, los pilares de algún período funcionan.

"Me visto así porque más tarde veremos a Concha Velasco", responde Arias, vestida con una camisa azul claro y una americana azul. Lo que me pone nerviosa es verla.

-Y el pelo que tienes es tuyo, ¿no es una peluca? -Saura bromea, ya sentada cara a cara, sin mesa intermedia, casi ajena al contexto, como si tuvieran una conversación pendiente, como viejos amigos que no se han visto durante años.

-No, no, es mío -el protagonista de "El Coronel no tiene quién escribirle", una adaptación de la novela de García Márquez dirigida por Saura y con la que toma el escenario en Madrid, desde el 15 mayo-. Quería cortarlo, pero no me han dejado.

Carlos Saura posa con la polla del coronel.
Carlos Saura posa con la polla del coronel / Sergio Parra

Ambos se ríen con complicidad. A pesar de la experiencia que comparten en el mundo audiovisual español, Es la primera vez que trabajan juntos y han elegido hacerlo con la adaptación de Saura de la historia de un anciano militar. De las guerras civiles que, una vez retirado, espera que el Gobierno, por cuyo lado luchó, cumpla la promesa de darle una pensión. Esa es la carta que espera el coronel, y que no llegará incluso si pasan los años, mientras él y su esposa viven en la pobreza, con un solo gallo de pelea como capital. Sucede en Colombia pero podría ser cualquier país dividido.

En la vida puedes ser pobre o muy enfermo, pero la dignidad es muy importante., el respeto por los demás, enfrentar la vida todos los días ", refleja Saura, nacido en Huesca en 1932, en el contexto de la obra. La metáfora de depender del gallo para sobrevivir es tremenda.

– Es un animal que, si no pelea, nada vale la pena – Arias lleno, mirándolo a los ojos -. Este texto tiene que ver con la existencia. Vivimos en un estado de continuo lugar, alteraciones por todos lados. Hemos olvidado lo que es vivir en paz. Los valores que tenemos nos alteran y nos alejan de lo simple: crecer, reproducirse, escuchar, leer, amar. Eso no tiene vuelta atrás. ¿Qué queda al final? Dignidad y resolución de deudas con el pasado. Porque de lo contrario ese estado de sitio también puede convertirse en una guerra. El coronel es un tipo duro.

"Coronel tengo años", dice Saura. Me siento cerca de él, desde la perspectiva del hombre mayor. El trabajo se proyecta hacia un futuro posible, que está marcado por la muerte. Se habla poco de la muerte en el teatro o en el cine. No estoy diciendo sobre disparar a cuarenta tipos, sino sobre el que llegará inexorablemente. Todos hemos sentido que el conflicto de que la vida es inútil, que todo sucede. Pero ya nos metemos en la metafísica. Y no me siento como mucho.

"No tengo la edad del coronel y nuestra vida no se ve así, pero quiero encontrar en mí, como intérprete, dónde residen los manantiales comunes", dice Arias, nacido en Riaño en 1956. Si tengo algo del coronel, es la ilusión. Pero me gustaría ser tan digno como él.

-Creo que tienes más del coronel de lo que dices. Existe un contagio inevitable entre la realidad y el personaje inventado. Ese tipo de ficción es parte de la vida de un actor.

– Ficción y fricción. Cada personaje está montado de muchas fallas continuas. Hasta que con el tiempo lo que es literatura comienza a sonar en ti como algo propio. Ese fracaso es lo que te hace interesarte en el personaje.

-No hablaría de fracaso sino de preocupación.

-Los ilusionistas dijeron: de victoria en victoria hasta el fracaso final. Pero me gusta decir: de fracaso en fracaso hasta la victoria final. El logro de haberlo logrado.

– Es un desafío, no un fracaso – insiste Saura.

-Un desafío que no siempre se cumple – alerta Arias.

El coronel interpretado por Imanol Arias.
El coronel jugado por Imanol Arias / R. C.

-Depende de cuánto asimilas al personaje. No es que vayas a ser el coronel, sino una parte de su forma de ser. Si un personaje es interesante, el actor y el director lo creen. Cuanto más mentira, mejor.

Mentira y realidad

En esta reunión del lunes por la mañana, Imanol Arias le cuenta a Carlos Saura cómo han sido las actuaciones anteriores con este trabajo, que fue la semana pasada en Zamora, y recuerda una función previa, antes de llegar a Madrid: -Con el sonido del Tren fue como si las cosas hubieran llegado. Desde fuera ", dice. Era un pasaje a la aventura.

-¿Lo ves? interrumpe Saura. Tú, que dijiste que no tenías nada que ver con el personaje, y que estás lleno de sus frases.

-Era que cuando era niño era amigo del hijo del jefe de la estación de trenes de vía estrecha. Soy muy tren.

Todos los que hacemos cine o teatro estamos involucrados en una aventura que usted no sabe cómo terminará.. Me gusta perder rigidez, que el texto se interpreta de muchas maneras y tiene derecho a cambiarlo. El teatro proporciona una forma de ver la vida. Le da a la gente una especie de espejo.

-Creo que el teatro permite una reunión donde la ficción es real porque ocurre en ese momento. Otras producciones comienzan a darle la posibilidad de tener mundos en el momento que desee, de la forma que desee, pero en los puestos que experimentas lo que te sucede frente a un evento real con una historia que es una mentira. Noto el poder del teatro en la sociedad. Hay una comunión entre la gente que va a ver las piezas.

"Van más ahora que antes", dice Saura, quien recuerda que su versión de la novela de García Márquez tuvo otro final para la famosa "mierda" del coronel. Saura agregó una escena de la estela del militar, interrumpida por la llegada de la carta. Olvida que antes de recibir una carta era muy importante.. No había otro medio hace treinta años y había cartas de amor, correspondencias con su amante. Ahora son inútiles.

– En el sentido simbólico de la carta del coronel, no espero ninguna – termina Arias-. La vida no me ha negado nada tan importante como él. Pero sí recibí uno que me decía que debía algo. Y ya cumplí. Ahora solo quiero vivir sin angustia.

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