La abortada firma de la Ciudad al precio del Premier.

Hay firmas bancarias que parecen fútbol, ​​tanto por los números que se mueven como por el desorden que causan. Este es el caso del italiano Andrea Orcel, de 56 años, para Santander, un proceso que actualmente se encuentra en los tribunales de la Plaza de Castilla en Madrid, con una demanda de cien millones de euros por los daños del banquero contra el banco después de la La entidad que preside Ana Patricia Botín anunció en septiembre su contratación y, cuatro meses después, renunció finalmente a incorporarla con la excusa de que el costo de su reparación era mayor de lo que habían previsto.

Una excusa bastante inconsistente que se ha deshecho como un terrón de azúcar. Él Tiempos financieros Ayer se informaron las estrictas condiciones de la oferta de Santander a Orcel. En una carta de cuatro documentos que el periódico ha podido consultar, el banco español, el quinto que se implementó en el Reino Unido, ofreció al conseller ejecutivo de la división de banca de inversión de Suiza UBS 52 millones de euros. Esta carta contradice la versión de Santander, según la cual descartan la contratación cuando sabían el costo que tendría. Santander, según la carta, ya lo sabía.

Recompensa de bienvenida

De estos 52 millones, 17 se pagarían en efectivo como bonificaciones de bienvenida y 35 más en acciones de Santander. De esta manera, se le compensó por los montos que Orcel dejó de cobrar a UBS y por haber aceptado pagos diferidos. La carta de Santander instó a Orcel a "hacer el esfuerzo" para tratar de recibir la remuneración acordada con UBS y, si no tuviera éxito, sería Santander quien la cubriría.

La carta con la oferta de trabajo es el 24 de septiembre de 2018, y al día siguiente, Ana Patricia Botín anunció la futura incorporación de Orcel, prevista para el primero de este año. Además del paquete de bienvenida, el costo del contrato anual, también reflejado en la oferta, fue de 10 millones, dividido en 2.9 del salario base, 5.35 millones más de subsidios anuales, 829,000 de pensión y 921,000 de ingresos, otros beneficios.

Para hacer más cómodo el aterrizaje del nuevo gerente, el predecesor de Orcel en Santander, José Antonio Álvarez, sería nombrado vicepresidente del banco. Pero, como resultado de la renuncia del banco para llevar a cabo la firma multimillonaria, Álvarez ha continuado como CEO.

La demanda de Orcel contra Santander, presentada en mayo, exige al banco que lo contrate como Director Ejecutivo, como lo había prometido. Si bien la carta en la que indicaba la oferta formal de empleo indicaba que su nombramiento estaba pendiente de la aprobación final de la junta directiva del banco, el hecho de que el presidente anunciara la firma en la Bolsa de Madrid podría ser utilizado por los abogados de la El italiano como prueba fiable de que Santander había hecho una oferta formal y firme. Santander, por otro lado, puede tratar de protegerse del hecho de que Orcel no habría hecho el "esfuerzo" contra UBS para reducir la cantidad a recibir como un bono de firma.

Una decision equivocada

Más allá de la discusión sobre los montos a ser percibidos, el atraso de Botín abrió dudas sobre la idoneidad de la decisión. La información publicada por Bloomberg en enero, coincidiendo con el anuncio del desglose del acuerdo del banco con Orcel, sugirió que el presidente del banco sería repensado, dado el perfil del banquero y la reacción del directorio, que No lo habría visto con buenos ojos. Desde este punto de vista, entonces, Botín se habría precipitado en una decisión estratégica que no fue consensual. Orcel hubiera sido el primer no español en una posición tan importante dentro del banco del clan Botín. Si bien en este momento la familia tiene solo una parte minoritaria de las acciones, la presencia de Ana Patricia Botín en la presidencia es la que garantiza el control de la cuarta generación.

Orcel, ahora sin trabajo y, por lo tanto, en condiciones de cobrar una compensación diferida de UBS, ha sometido al banco suizo a un proceso de reducción durante los últimos siete años. El vínculo con Santander se remonta a la relación con Emilio Botín, con la que tuvo una estrecha colaboración, muy útil en el asesoramiento de operaciones que han hecho posible que el banco se convierta en uno de los gigantes europeos, con activos de 1,4 billones de euros.

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