"La revuelta de" chalecos amarillos "es parte de la lenta decadencia del estado"

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Tribuna. El octavo síntoma de un sistema sin aliento, la revuelta de los "chalecos amarillos" es parte de la lenta decadencia del estado anunciada por Michel Foucault en 1978 (Nacimiento de la biopolítica. Curso en el colegio de francia. 1978-1979, Seuil, 2004). Aunque no es suficiente para definirlo, la expresión de Max Weber, quien, en El erudito y el político, calificado el estado de "El monopolio de la violencia física legítima"sigue siendo válido, como lo demuestra la oposición entre CRS y los manifestantes, cada uno de los cuales señala la violencia del adversario tanto como él rechaza su legitimidad. ¿Sobre qué base es cuestionable la legitimidad de la acción del gobierno y la desconfianza general de sus instituciones y agentes?

Según la teoría política, el estado está justificado por su naturaleza necesaria para garantizar ciertos derechos, la confianza en sus agentes y la eficacia de su acción. La legitimidad de la autoridad política resulta entonces del consentimiento popular, expresado cuando se trata de financiar la acción (consentimiento del impuesto) o de elegir a la persona a cargo (elecciones).

"Con el impuesto de retención, el impuesto ya no es un regalo (más o menos) voluntario, sino una deuda debida"

Primero, ¿qué pasa con el consentimiento? La negativa reiterada a contar los votos blancos como votos emitidos, así como la posibilidad teórica de que un solo votante imponga a un presidente democráticamente legítimo a 67 millones de ciudadanos franceses, plantea un problema claro. Además, aunque el principal derecho a rechazar el impuesto siempre ha sido difícil de aplicar en la realidad, no obstante, ha seguido debilitándose. Habiendo erradicado ya cualquier posibilidad de rechazar el impuesto al autorizar la incautación en cuentas bancarias y salarios, revocando así el principio fundamental de su libre consentimiento, el legislador lleva hoy el golpe de gracia con la deducción en la fuente, que modifica la naturaleza misma de El impuesto: ya no es una donación (más o menos) voluntaria, sino una deuda debida. El ciudadano ya no es un accionista de un Estado que produce servicios públicos, sino un deudor de un Estado que exige el pago de una deuda necesaria para su supervivencia.

Por otro lado, mientras los repetidos escándalos, desde Claude Gueant hasta Alexandre Benalla y Jerome Cahuzac, han erosionado gradualmente la confianza de los ciudadanos hacia los agentes estatales, ahora se cuestiona su naturaleza necesaria. El blockchain incluso abre nuevos potenciales para asumir su función de "tercero de confianza" en la aplicación de contratos.

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