Sibel, salvaje y libre – La Croix

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Sibel, una joven que habla solo el lenguaje silbado de las montañas turcas, se rebela contra el patriarcado y afirma firmemente su diferencia con respecto a las asfixiantes tradiciones.

Sibel ***

de Cagla Zencirci y Guillaume Giovanetti

Película franco-alemana-turca – 1 h 35

Sibel, una joven muda pero no sorda, habla solo el lenguaje silbado, el medio ancestral de comunicación que se practica en los valles aislados y aislados de las montañas del noreste de Turquía. Ella vive con su hermana menor y su padre, tendero y alcalde de Kusköy, literalmente "el pueblo de las aves".

Los habitantes la rechazan, por superstición, por su discapacidad, como un extraño. Sibel participa en el trabajo de campo entre mujeres que la mantienen alejada. Marginalizada, pasa su tiempo en los oscuros recovecos del bosque, con un rifle colgado al hombro, para cazar al lobo. Se dice que el espíritu maligno merodea cerca de la Roca de la Novia, evitando las uniones.

Niño salvaje que es uno con la naturaleza, respeta el ritmo, cuya respiración concuerda con el gran aliento terrenal, acentúa Sibel, por sus aventuras, el misterio a su alrededor. Su padre, viudo, la aprecia y la respeta. Su hermana se rebela contra esta preferencia. Sólo sueña con la normalidad, con estar casada, con convertirse en adulta antes de la hora.

No es el lobo el que encuentra a Sibel, sino un fugitivo que se arroja sobre ella como un animal cazado. Ella lo cuida, lo esconde, lo cuida en secreto. Las sospechas comienzan a surgir en el pueblo. Sibel es el demonio que todos siempre han llamado. El pueblo lo acusa de ver secretamente a un extraño, un terrorista. Pero allá arriba, este hombre, a la carrera y herido, finalmente le echó otra mirada, como si una y la otra, de cierta manera, compartieran la misma condición.

Investigacion formal y autenticidad.

La pareja de directores, Cagla Zencirci y Guillaume Giovanetti, tejen sus obras (diez películas, siete documentales, tres ficciones) siempre desde el mismo lienzo: el encuentro casual entre seres que nunca deberían haber cruzado. Desde el documental, se esfuerza por restablecer la autenticidad de los lugares y los personajes, sin descuidar la investigación formal, aplicando los principios de la puesta en escena: la preocupación por el realismo, la proximidad de los personajes, las imágenes reflejadas, las tomas, el ritmo sostenido, las situaciones tensas, el suspenso.

En este pueblo de montaña, no tenemos hijos con los códigos de honor. El anuncio del compromiso negociado es una participación fundamental en esta sociedad de fronteras. Ay de la familia que avergüenza de la canasta. Tampoco es normal que el alcalde se quede sin esposa y rechace las propuestas del casamentero que se le envía para que sea digno de su cargo.

Los directores de la película Sibel: "Siempre trabajamos juntos, en el ping-pong".

El vicio del patriarcado.

Sibel, la película es llevada por la asombrosa composición de Damla Sönmez, actriz turca (muy conocida en su país), ojos penetrantes, presencia animal. Tuvo que aprender este lenguaje silbado, transcribiendo en sílabas y sonidos del turco. Su carácter, que revela el terrible y sangriento secreto de la aldea, no está hecho para acomodar esta sumisión, renuncias que preservan el equilibrio secular de esta micro-sociedad, sin apertura.

Sibel es, básicamente, la única mujer libre en esta comunidad corseted por la perpetuación de las tradiciones sofocantes, nunca cuestionada. Por su comportamiento, ella afloja violentamente las garras del patriarcado y abre una brecha. Después de su revuelta, la sonrisa discreta de una mujer joven, aunque una vez feroz para golpearla como a las otras, describe el posible futuro de una liberación colectiva de la que Sibel fue el detonador.

Jean-Claude Raspiengeas

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