Cien años después de su muerte en Detroit la noche de Halloween de 1926, el legendario ilusionista Harry Houdini sigue siendo un nombre familiar. Museos conmemoran el centenario con eventos, mientras los historiadores debaten los misterios médicos que rodearon sus últimos días.
El legado inmortal del rey de las esposas en Detroit
El nombre de Harry Houdini sigue resonando con magia, misterio y lo desconocido a casi un siglo de su fallecimiento. Los magos y el público lo recuerdan como el gran referente del ilusionismo. Su relación con Detroit fue intensa y marcó tanto el inicio de su consagración artística como el final de su vida.
Nacido como Erik Weisz en Budapest en 1874, el ilusionista emigró a Estados Unidos a los cuatro años y se crió en Wisconsin antes de conquistar los escenarios internacionales.

La familia de Houdini se había mudado a Appleton en 1878, donde su padre, Mayer Samuel Weiss, se desempeñó como el primer rabino de la Congregación Reformada Zion de la localidad. Aunque nació en el extranjero, el artista siempre consideró a Appleton como su hogar y regresó en 1897 junto a su esposa Bess para actuar en la Ópera de Appleton, oportunidad en la cual desafió a la policía local escapando de celdas y esposas. La ciudad de Appleton ha preparado la colocación de un nuevo marcador histórico en la Plaza Houdini precisamente el día de Halloween para conmemorar el centenario dentro de su programa conocido como el «Año de Houdini», una iniciativa impulsada con la participación de figuras como Tom Boldt y la Sociedad Histórica de Wisconsin. En sus primeros años, antes de alcanzar la fama internacional que consolidó tras viajar a Europa en 1900, el joven Houdini participó a los nueve años en un circo local como trapecista bajo el nombre de «Ehrich, El Príncipe del Aire».
La última función en el Garrick Theater y el misterio de su muerte
Houdini ofreció su última actuación el 24 de octubre de 1926 en el Garrick Theater de Detroit. El artista ya se encontraba gravemente enfermo, con una fiebre de 104 grados Fahrenheit y un diagnóstico de apendicitis aguda que él decidió ignorar para cumplir con su público.

Días antes, en Montreal, un estudiante universitario llamado Gordon Whitehead le había propinado varios golpes en el abdomen. Houdini continuó con sus funciones a pesar de las molestias, pero colapsó al terminar el espectáculo en Detroit. Trasladado al Grace Hospital, falleció una semana después, el 31 de octubre de 1926, a la 1:26 de la tarde, a causa de una peritonitis y apendicitis rota.
El historial de sus proezas en Detroit incluye hitos legendarios como cuando fue bajado en una caja de embalaje a las aguas heladas del río Detroit en 1907. El recinto donde realizó su última presentación cerró sus puertas en 1928 y fue demolido, al igual que el hotel donde se alojaba y el antiguo hospital Grace donde expiró.
Nuevas perspectivas sobre el certificado de defunción y el centenario
Un siglo después, la causa exacta de su fallecimiento genera controversia. Una nueva investigación publicada por la cirujana y investigadora médica Larrian Gillespie en su libro Houdini: The Man Who Died Twice argumenta que el certificado de defunción original presentaba alteraciones y que el ilusionista pudo haber fallecido a causa de una obstrucción intestinal y una cirugía de último momento.
Para conmemorar el centenario, distintas ciudades preparan homenajes especiales. Appleton, en Wisconsin, donde Houdini creció, instaló una placa histórica en la plaza que lleva su nombre. Por su parte, el Detroit Historical Museum organiza una gran celebración en la noche de Halloween con actuaciones y conferencias, mientras que museos en otras localidades recuerdan los intentos de su esposa, Bess Houdini, por contactarlo desde el más allá mediante sesiones espiritistas.

Vincent Toms dijo a CBS News que él hizo un pacto con Bess de que, después de morir, intentaría comunicarse con ella si había alguna manera posible. Y así, durante los 10 años posteriores a su muerte, celebraron una sesión espiritista en esta habitación cada año en el aniversario de su fallecimiento.
Bess Houdini cumplió su promesa de realizar sesiones durante una década exacta antes de admitir que el contacto con los espíritus era imposible. Cien años después de su partida, el mito del escapista sigue desafiando el olvido en los escenarios de todo el mundo.
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