Por qué 2026 no se parecerá a la década que acaba de pasar. Un gráfico
Existe una lectura simplista de este gráfico, y es la equivocada: “Estados Unidos va mal, el resto del mundo va bien”. La interpretación correcta es otra, y resulta más interesante: 2025 fue el año en que el mercado global volvió a creer en la diferencia. En las diferencias entre economías, ciclos, políticas industriales, riesgos y oportunidades. Tras años de hiperconcentración estadounidense, con el S&P 500 como único referente y el Nasdaq como horizonte mental, algo se ha roto. O, quizás, simplemente se ha reequilibrado. El gráfico indica que prácticamente todos los grandes mercados han superado a Estados Unidos. Pero, sobre todo, revela cómo lo han logrado. No por casualidad, ni por una burbuja especulativa repentina, sino por una combinación de factores muy concretos: crecimiento de los beneficios, retorno de los dividendos, revalorización de los múltiplos y efecto tipo de cambio. En otras palabras: fundamentos.
Esto marca el fin de la idea de que el rendimiento proviene únicamente de la innovación concentrada en unas pocas empresas estadounidenses sobrevaloradas. Y el inicio de una etapa en la que vuelven a importar las economías reales, los sectores tradicionales que se reestructuran y los mercados que se habían dado por perdidos. También es el regreso de una palabra olvidada: selectividad. Después de años de indexación ciega, los inversores vuelven a analizar los balances, los márgenes, las deudas y la política industrial de cada país. Ya no basta con “estar en el mercado”, sino que es necesario elegir dónde y cómo invertir. Se trata de un cambio silencioso pero profundo: el capital vuelve a plantear preguntas, en lugar de simplemente seguir las tendencias. En este contexto, se vislumbra un mensaje claro para el año que viene. 2026 no será un año “contra” Estados Unidos, sino un año más allá de Estados Unidos. Un año en el que el liderazgo estadounidense no desaparecerá, pero dejará de ser exclusivo. Un año en el que invertir significa elegir, no replicar. Un año en el que Europa no crecerá imitando, sino diferenciándose. Y en el que Asia no será solo un riesgo geopolítico, sino también una recuperación industrial y financiera.
Existe otro elemento a considerar, más político que financiero. Este gráfico refleja el fin de un mundo cómodo, en el que todo iba bien si Wall Street prosperaba. Y el comienzo de un mundo más complejo, pero también más saludable, en el que las responsabilidades están distribuidas. Para Europa, y especialmente para Italia, esto supone un gran desafío: ya no se puede esconder detrás del paraguas estadounidense. Si el mundo vuelve a ser multipolar también en los mercados, lo será también en el juicio. 2025 nos recordó que la globalización no ha terminado, pero sí ha cambiado. 2026 nos exigirá determinar si estamos preparados para participar en ella no como seguidores, sino como protagonistas, incluso cuando no veamos el gráfico reflejado en las estadísticas.
