Durante las recientes vacaciones, un viaje a Japón dejó una profunda impresión sobre la importancia de los fundamentos y la simplicidad. El país asiático destaca por su meticulosidad, ejemplificada en la puntualidad de sus trenes, la dedicación de sus artesanos que perfeccionan incluso el más mínimo detalle, y la intencionalidad y sencillez de sus jardines.
Esta experiencia ha generado un deseo de incorporar estos principios al inicio del año 2026, tanto en el ámbito personal como profesional. Existe una tendencia a la complejidad innecesaria en el desarrollo de productos, el uso de acrónimos difíciles de comprender y la concentración en problemas específicos en detrimento de los aspectos esenciales.
Se espera que el próximo año marque un cambio de rumbo, priorizando la simplificación y el enfoque en lo verdaderamente importante. Un retorno a los fundamentos podría ser clave para un desarrollo más efectivo y significativo en diversas áreas.
