El entrenador Amorim prioriza el sistema de juego por encima de las individualidades de los jugadores, según análisis tácticos recientes.
Desde su llegada al equipo, Amorim ha buscado implementar una idea clara en cuanto a la formación y las funciones de cada jugador dentro de la misma. El técnico portugués insistió en que sus jugadores se adaptaran a su sistema, incluso cuando no encajaban naturalmente en los roles que se les pedían, mostrando poca disposición a modificar su planteamiento según las fortalezas de sus futbolistas.
Esta inflexible postura fue, según se apunta, una de las principales causas de sus dificultades al frente del equipo. La falta de adaptación a las características de la plantilla, combinada con la incapacidad de los jugadores para cumplir con las exigencias del sistema, se tradujo en resultados negativos.
Amorim optó por un esquema 3-4-3 en la posesión del balón, a pesar de heredar una plantilla acostumbrada a un tradicional 4-4-2 basado en la posesión. Esta decisión implicó un juego más directo y, en ocasiones, la pérdida de la posesión.
El entrenador portugués solicitó a sus centrales que se incorporaran al ataque con el balón, participando en la creación de ocasiones y presionando agresivamente tras la pérdida. Esto obligó a los defensores a aprender nuevas habilidades y a desenvolverse en zonas del campo poco habituales para ellos.
En su sistema ideal, Amorim prefería utilizar carrileros ofensivos en el lado opuesto a su pierna fuerte, lo que favorecía el juego de Amad en ataque, pero lo exponía en defensa. El equipo carecía de un lateral izquierdo que se ajustara a los criterios del técnico, lo que obligó a improvisar con diferentes opciones.
Esta situación se repitió en varias posiciones, con jugadores que no encajaban del todo en el esquema planteado por Amorim.
Además, Amorim insistió en la ejecución de patrones de pase específicos, lo que terminó por hacer predecible el juego del equipo y limitó la libertad de los jugadores para tomar decisiones en el campo.
La falta de flexibilidad táctica de Amorim facilitó a los rivales la tarea de presionar al equipo y encontrar espacios para atacar.
