Alrededor de 22.000 suecos padecen esclerosis múltiple (EM), una enfermedad neurológica que afecta al cerebro y la médula espinal. Esta condición puede provocar, entre otros síntomas, una disminución de la sensibilidad y problemas de equilibrio.
Se sabe desde hace tiempo que casi todas las personas que desarrollan EM han tenido previamente una infección por el virus de Epstein-Barr. La mayoría se infectan a una edad temprana; los niños rara vez presentan síntomas, mientras que los jóvenes pueden desarrollar mononucleosis. El virus permanece en el cuerpo después de la infección.
“El 95 por ciento de los adultos han sido infectados alguna vez por el virus de Epstein-Barr, pero solo 1 de cada 500 desarrolla EM. Hasta ahora, no estaba claro cómo el virus afecta el riesgo de desarrollar la enfermedad”, explica Olivia Thomas, investigadora y docente adjunta en el Instituto Karolinska.
Investigaciones suecas previas han demostrado que los anticuerpos, que normalmente atacan al virus de Epstein-Barr, pueden atacar erróneamente al cerebro y la médula espinal. Olivia Thomas y sus colegas ahora muestran en un nuevo estudio, publicado en la revista científica Cell, que cuando el sistema inmunológico ataca al virus de Epstein-Barr, ciertas células T reaccionan contra la proteína ANO2 que se encuentra en el cerebro.
“Las células T deberían combatir el virus de Epstein-Barr, pero confunden las células del cuerpo con el virus. Ahora, por primera vez, hemos encontrado evidencia de que esta reacción puede dañar el cerebro en la EM”, afirma Olivia Thomas.
Los investigadores analizaron muestras de sangre de más de 90 personas con EM y las compararon con personas sanas. En los pacientes, encontraron células T que reaccionaban contra la proteína ANO2, entre otras. En experimentos con ratones, observaron una conexión entre las células T y formas más graves de EM.
“Parece que la infección viral es esencialmente un requisito previo para el diagnóstico de EM. El hecho de que esto ocurra solo en una parte de los individuos se debe a una combinación de factores genéticos, azar y ambientales”, explica la investigadora.
Algunos de los investigadores detrás del nuevo estudio revelan tener vínculos con empresas farmacéuticas, aunque no Olivia Thomas.
Estos nuevos resultados podrían conducir a nuevos tratamientos que afecten a las células inmunitarias. Actualmente, se están llevando a cabo varios estudios sobre una vacuna contra el virus de Epstein-Barr, que podría reducir el riesgo de mononucleosis y otras enfermedades como la EM.
“Espero que nuestros hallazgos conduzcan a tratamientos más eficaces y a vacunas seguras”, concluye Thomas.
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