La protección solar es clave para controlar el melasma, especialmente durante los meses de verano cuando la exposición al sol es mayor, incluso en actividades cotidianas fuera de la playa o la piscina. La protección adecuada previene que las manchas se oscurezcan o aparezcan nuevas.
Según Joyce Rodrigues, científica especialista en cosmetología, presidenta del Grupo Mezzo y autora del libro «Tudo às Claras», el melasma es una condición compleja que involucra pigmentación, inflamación y alteraciones en la barrera cutánea, lo que hace que la piel sea más sensible y propensa a la intensificación del color de las manchas. Por ello, es fundamental proteger, refrescar e hidratar la piel.
Rodrigues recomienda llevar siempre consigo un spray refrescante o agua dermatológica para calmar la piel a lo largo del día. El protector solar debe tener un factor de protección solar (FPS) superior a 50, y se aconseja el uso de sombreros, viseras o gorras.
Dupin enfatiza que, en esta época del año, la rutina de cuidado de la piel debe ser estratégica para proteger sin irritar, ya que la piel tiende a ser más sensible. Recomienda una limpieza suave, hidratación diaria, la aplicación generosa de protector solar y el uso de activos que controlen la producción de pigmento, siempre bajo la supervisión de un médico.
Dupin explica que algunos ácidos pueden utilizarse durante todo el año, siempre y cuando se utilicen en concentraciones adecuadas y con una fotoprotección correcta. Otros son más recomendables para la noche. El problema no reside en el ácido en sí, sino en su uso sin la protección solar adecuada, ya que una orientación incorrecta puede causar irritación y empeorar el melasma. Por lo tanto, todo tratamiento debe ser prescrito por un profesional.
