El aumento de los precios y el incremento en las tasas de interés de los préstamos han provocado una disminución en el consumo real por cuarto año consecutivo. Los gastos por intereses han aumentado un 14% en el último año.
A pesar del buen desempeño del mercado de valores, esta bonanza económica no se ha extendido al conjunto de la economía. La contracción del consumo, impulsada por la inflación y el encarecimiento del crédito, limita el impacto positivo de la actividad bursátil.
La combinación de estos factores sugiere una desaceleración económica más amplia, donde el aumento de los costos financieros y la pérdida de poder adquisitivo de los consumidores están frenando el crecimiento.
