Los autores consideraron que la evidencia más sólida provenía de estudios con hermanos, en los que la madre había utilizado Paracetamol durante un embarazo y no en otro. El análisis de estos estudios, así como de todos aquellos que cumplieron con los criterios para un bajo riesgo de sesgo, no mostró un aumento del riesgo de TEA (Trastorno del Espectro Autista), TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) o discapacidad intelectual como consecuencia del uso de Paracetamol. Estos resultados se mantuvieron incluso al incluir estudios cuyos resultados fueron ajustados y con un período de seguimiento superior a cinco años.
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