WASHINGTON, 19 de enero – La Nebulosa del Anillo, una impresionante estructura celeste ubicada en nuestro vecindario de la Vía Láctea, fue descubierta por el astrónomo francés Charles Messier en 1779 y ha sido estudiada exhaustivamente desde entonces. Sin embargo, esto no significa que hayamos resuelto todos sus misterios.
Investigadores han detectado una gran nube de átomos de hierro con forma de barra, que se extiende a lo largo de unos 5,6 billones de kilómetros (3,7 billones de millas) a través de la nebulosa. Esta nebulosa es una envoltura brillante de gas y polvo expulsada por una estrella moribunda, y los científicos buscan ahora una explicación para este fenómeno.
Según sus hipótesis, los átomos de hierro, cuya masa colectiva sería comparable a la del núcleo de hierro fundido de la Tierra, podrían ser los restos de un planeta rocoso vaporizado cuando la estrella expulsó sus capas exteriores. No obstante, advierten que esta explicación es, por el momento, meramente especulativa. Los planetas rocosos internos de nuestro sistema solar, e incluso la Tierra, podrían enfrentarse al mismo destino cuando el Sol pase por una fase similar de muerte, dentro de miles de millones de años.
Los investigadores realizaron la observación utilizando un nuevo instrumento llamado WEAVE (WHT Enhanced Area Velocity Explorer), instalado en el Telescopio William Herschel, ubicado en la isla atlántica de La Palma, en las Islas Canarias (España).
«Es emocionante ver que incluso un objeto muy familiar, estudiado en profundidad durante décadas, puede sorprendernos cuando se observa de una manera nueva», declaró el astrónomo Roger Wesson, de las universidades de Cardiff y University College London, autor principal de la investigación publicada en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.
«Es un objeto clásico tanto para astrónomos profesionales como aficionados», añadió Wesson. «Aunque es demasiado tenue para verse a simple vista, se puede observar fácilmente con unos binoculares. Con un telescopio pequeño, se puede apreciar su apariencia anular.»
La Nebulosa del Anillo, también conocida como Messier 57, se encuentra a unos 2.600 años luz de la Tierra, en la constelación de Lyra. Un año luz es la distancia que recorre la luz en un año, equivalente a 9,5 billones de kilómetros (5,9 billones de millas). Se cree que se formó hace aproximadamente 4.000 años, un período relativamente reciente en términos cósmicos.
Es un objeto conocido incluso entre los estudiantes principiantes de astronomía.
«Lo encontrarán en muchos libros de texto de astronomía», comentó Janet Drew, astrónoma de University College London y coautora del estudio.
Por eso, la barra de hierro resulta tan intrigante.
«Ningún otro elemento químico que hayamos detectado parece estar presente en esta misma barra. Es extraño, francamente. Su importancia radica en el simple hecho de que aún no tenemos una explicación clara», explicó Drew. «El origen del hierro podría remontarse a la vaporización de un planeta, pero también podría haber otra forma de crear esta estructura que no implique un planeta.»
«Un planeta como la Tierra contendría suficiente hierro para formar la barra, pero no hay una explicación convincente de cómo podría adoptar esa forma», señaló Wesson.
La nebulosa se formó cuando una estrella con una masa aproximadamente dos veces la del Sol agotó su combustible nuclear en su núcleo, se expandió hasta convertirse en lo que se conoce como una gigante roja y expulsó sus capas exteriores antes de convertirse en un remanente estelar compacto conocido como enana blanca, de un tamaño similar al de nuestro planeta.
«Desde la perspectiva de la Tierra, tiene la apariencia de un anillo, aunque se cree que en realidad es más bien un cilindro de material que estamos viendo de frente. Está compuesto principalmente de hidrógeno y helio, con pequeñas cantidades de elementos más pesados», precisó Wesson.
Se conocen alrededor de 3.000 nebulosas similares en nuestra galaxia. Su estudio permite a los astrónomos examinar la etapa de vida de las estrellas en la que los elementos químicos forjados por los procesos nucleares en su interior se liberan al espacio interestelar para ser reciclados y contribuir a la formación de la próxima generación de estrellas y planetas.
«Esperamos obtener más datos para profundizar en este descubrimiento, tratar de resolver este nuevo problema y determinar el origen de la barra de hierro», concluyó Wesson. REUTERS
