Cada vez existe más evidencia científica que relaciona el consumo de cannabis con la pérdida de memoria, aunque los efectos varían significativamente según la frecuencia de uso y la edad del individuo. Un reciente estudio, liderado por la doctora Marta Navarrete del Centro de Neurociencias Cajal-CSIC y publicado en la revista “Nature Communications”, ha identificado un mecanismo clave en estos déficits cognitivos, especialmente cuando el consumo ocurre durante la adolescencia.
La investigación revela que los problemas de memoria y aprendizaje asociados al consumo de cannabis en la adolescencia están modulados por un grupo específico de células cerebrales llamadas astrocitos. Tradicionalmente consideradas células de soporte para las neuronas, los astrocitos han demostrado ser actores fundamentales en la función cerebral, regulando la comunicación entre las diferentes regiones del cerebro.
El principal componente psicoactivo del cannabis, el tetrahidrocannabinol (THC), activa en exceso a los astrocitos, alterando la comunicación en áreas del cerebro implicadas en el aprendizaje. Sin embargo, los investigadores encontraron que reducir esta sobreactivación en modelos animales (ratones) previene el desarrollo de fallos cognitivos e incluso permite la recuperación de funciones perdidas.
Es importante destacar que estos resultados provienen de estudios en animales y no pueden extrapolarse directamente a humanos. No obstante, subrayan la vulnerabilidad del cerebro adolescente a factores externos como los cannabinoides, debido a que se encuentra en una etapa crucial de reorganización y maduración, especialmente en regiones como el hipocampo (memoria) y el núcleo accumbens (placer y motivación).
En España, los datos de la Encuesta “Estudes” del Ministerio de Sanidad de 2025 indican una ligera disminución en el porcentaje de adolescentes que han probado cannabis (21%), en comparación con el 26,9% registrado en 2023. A pesar de esta tendencia a la baja, el cannabis sigue siendo la sustancia ilegal más consumida entre los estudiantes de 14 a 18 años. La edad media de inicio de consumo se sitúa en los 14,8 años.
Datos adicionales del “Informe Edades de 2024” revelan que el 43,7% de la población entre 15 y 64 años ha consumido cannabis alguna vez en la vida, con una edad media de inicio ligeramente superior a los 18 años. El 2,8% de los encuestados reconoce haber consumido cannabis diariamente en el último mes.
El estudio liderado por la doctora Navarrete ha identificado un “ensemble” de astrocitos, un conjunto específico de estas células, como el elemento clave en los déficits cognitivos inducidos por el THC. La manipulación de la actividad de estos astrocitos, utilizando una técnica innovadora llamada AstroLight, demostró ser capaz de prevenir o incluso revertir los problemas de aprendizaje espacial asociados al consumo de cannabis durante la adolescencia.
Estos hallazgos abren nuevas vías para futuras investigaciones y posibles intervenciones dirigidas a mitigar los efectos del cannabis en el desarrollo cerebral adolescente. Los investigadores enfatizan la importancia de comprender el papel de los astrocitos en la respuesta del cerebro a esta sustancia, especialmente en edades vulnerables, y resaltan la necesidad de continuar explorando cómo prevenir o contrarrestar los efectos del tetrahidrocannabinol en etapas críticas del desarrollo.
Esta investigación se llevó a cabo en colaboración con equipos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), el Achucarro Basque Center for Neuroscience y el Neurocentre Magendie de la Universidad de Burdeos, lo que demuestra la importancia de la cooperación internacional en el avance de la neurociencia.
