El espacio, a pesar de las imágenes espectaculares que inundan Instagram, sigue siendo un entorno implacable. Lejos de ser un parque temático, la exploración humana es una tarea llena de riesgos. El pasado jueves 15 de enero de 2026, los cuatro astronautas de la Crew-11 lo experimentaron de primera mano: tuvieron que evacuar la Estación Espacial Internacional (ISS) y realizar un amerizaje de emergencia en el Océano Pacífico, demostrando que la rutina no existe en el cosmos.
La causa de esta inesperada maniobra fue una emergencia médica a bordo, que no podía ser tratada con los recursos del botiquín de la ISS. Mike Fincke, Zena Cardman, Kimiya Yui y Oleg Platonov se vieron obligados a regresar a la Tierra antes de lo previsto, una situación que ha dejado una palpable tensión en el ambiente.
Este incidente nos plantea una pregunta fundamental, que a menudo ignoramos hasta que se materializa: ¿Cómo escapar de una estructura metálica orbitando a 400 kilómetros de la Tierra en caso de una situación crítica?
El «taxi» siempre a la espera
Desde los inicios de la exploración espacial, una regla de oro ha prevalecido: nunca quedarse sin una vía de escape.
Jonathan McDowell, del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica, lo explica con contundencia: «La disponibilidad constante de una nave de transporte lista para el regreso es esencial. Nunca se necesita ‘llamar a un taxi’; siempre hay uno disponible en caso de que la estación espacial sufra daños.»
Sin embargo, este sistema presenta una limitación importante: es una solución “todo o nada”. Si un solo miembro de la tripulación experimenta un problema de salud, como ocurrió con la Crew-11, todos deben regresar. Dejar a astronautas en la ISS sin un medio de escape sería una sentencia de muerte, especialmente si surgiera otra emergencia tras la partida del enfermo.
La amenaza invisible de la basura espacial
Pero existen escenarios aún más peligrosos, donde el propio “bote salvavidas” puede verse comprometido. Aquí es donde la basura espacial, un problema de sostenibilidad creciente, entra en juego.
Lo que antes era una mera hipótesis se ha convertido en una realidad preocupante. En noviembre de 2025, los taikonautas de la estación espacial china Tiangong vivieron un susto al descubrir que las ventanas de su nave habían sido dañadas por un fragmento de chatarra orbital.
La misión tuvo que enviar una cápsula de reemplazo vacía para solucionar el problema. La órbita baja de la Tierra se está transformando en un vertedero, y las consecuencias ya son evidentes. Un objeto metálico del tamaño de una canica, viajando a velocidades orbitales, equivale a un proyectil de alta velocidad.
«Ve despacio para ir rápido»
Ante una alarma, el instinto humano es entrar en pánico. Pero en el espacio, el pánico puede ser fatal.
Los astronautas se someten a un entrenamiento exhaustivo en simuladores que recrean múltiples escenarios de emergencia simultáneamente: incendios, despresurización y fallos eléctricos. Meganne Christian, astronauta de reserva de la Agencia Espacial Europea (ESA), explica que «estos simulacros están diseñados para situaciones que esperamos no vivir nunca, pero nos preparan para la posibilidad de que múltiples problemas ocurran al mismo tiempo.»
Nicole Stott, una veterana de la exploración espacial, comparte un mantra que podría ser útil incluso en la Tierra: «Ve despacio para ir rápido».
Acelerar las acciones puede llevar a errores. Tomarse un momento para procesar la alarma, ponerse la máscara y seguir la lista de verificación aumenta significativamente las posibilidades de supervivencia. En el peor de los casos, la tripulación se refugia en su nave, sella la escotilla y evalúa la situación. Si la estación espacial está condenada, pueden llegar a la superficie terrestre en cuestión de horas.
Marte no perdona
Estos protocolos funcionan relativamente bien en la ISS. Pero, ¿qué ocurrirá cuando nos aventuremos a la Luna o a Marte?
La complejidad aumenta exponencialmente. «En el caso de la Luna, hablamos de al menos tres o cuatro días de viaje, pero en Marte, la espera por el próximo ‘autobús’ podría ser de dos años», advierte McDowell.
En una misión a Marte, una evacuación rápida es inviable. No habrá un “taxi” disponible para trasladar a un astronauta enfermo al hospital más cercano. Las futuras naves espaciales deberán ser completamente autosuficientes, equipadas no solo con un botiquín, sino con un módulo hospitalario completo.
El incidente de la Crew-11 sirve como un recordatorio oportuno: el espacio es un entorno fascinante, pero también, como dirían en Star Trek, «enfermedad y peligro envueltos en oscuridad y silencio». Y mientras sigamos saturando la órbita terrestre con residuos, ese peligro seguirá creciendo.
