La percepción, y no la realidad objetiva, es el foco de un nuevo enfoque que explora la inestabilidad de la autoría. Se trata de un juego conceptual donde una afirmación, aunque evidentemente humorística, plantea interrogantes sobre la construcción de la credibilidad y la influencia.
Este planteamiento se centra en cómo la presentación de una idea, independientemente de su veracidad intrínseca, puede afectar la forma en que es recibida y procesada. La clave reside en la manipulación de la percepción, más que en la alteración de los hechos.
La dinámica implica una reflexión sobre la facilidad con la que se puede cuestionar la fuente de una información y cómo esto impacta en la confianza del público. La naturaleza evidentemente irónica de la “afirmación” sirve como un catalizador para examinar los mecanismos de validación y la predisposición a creer o dudar.
