Muchos creen que Google es simplemente un motor de búsqueda y Facebook, un lugar para ver qué hacen sus amigos. Lo que desconocen es la existencia de equipos de ingenieros dedicados a utilizar la psicología de los usuarios en su contra. Esta revelación, contenida en grabaciones de antiguos ejecutivos de Facebook, Google y Twitter, expone cómo las plataformas de redes sociales pueden “hackear” la mente humana, ofreciendo recompensas como “me gusta” y confundiendo estas validaciones con valor y verdad.
El tema cobró notoriedad en 2020 con el lanzamiento del inquietante documental de Netflix, “El Dilema de las Redes Sociales”, que mostraba cómo el modelo de negocio de estas plataformas se basa en maximizar el tiempo de permanencia de los usuarios y monetizar sus datos personales. Las estrategias clave incluyen el miedo a perderse algo (FOMO), la presión social y la liberación continua de dopamina a través de notificaciones.
En el ámbito legal, la última noticia al respecto es la decisión de Snap Inc., la empresa matriz de Snapchat, de llegar a un acuerdo para evitar un juicio por adicción a las redes sociales que se avecina en California. Este será el primer gran proceso –seguido por otros dos que agrupan miles de demandas– que marcará un precedente en Estados Unidos y que involucrará a Meta Platforms (propietaria de Instagram y Facebook), TikTok (de ByteDance) y YouTube (de Alphabet), acusadas de diseñar productos para captar la atención de toda una generación de jóvenes.
A ellos se suman los fiscales generales de ciudades y estados estadounidenses, quienes han demandado a las grandes tecnológicas, argumentando que funciones como el desplazamiento infinito, la reproducción automática de videos y las recomendaciones algorítmicas fomentan el uso compulsivo de las redes sociales, lo que, según la acusación, provoca depresión, trastornos alimentarios y autolesiones. En esencia, se acusa a Mark Zuckerberg, fundador de Facebook y CEO de Meta Platforms (que también incluye Instagram y WhatsApp), de haber liderado una estrategia consciente de priorizar el compromiso de los usuarios por encima del bienestar de los menores.
Históricamente, las empresas tecnológicas se han defendido amparándose en la sección 230 de la Communications Decency Act, una ley fundamental en la regulación de Internet en Estados Unidos que las exime de responsabilidad legal por el contenido generado por sus usuarios. Sin embargo, el año pasado un juez de Los Ángeles dictaminó que las propias características de diseño de las plataformas podrían ser responsables de los daños, y no solo el contenido de terceros publicado en ellas.
El inicio de este proceso clave está previsto para el 27 de enero con la selección del jurado, y su resultado podría tener consecuencias profundas a nivel mundial: no solo implicaría miles de millones de dólares en indemnizaciones, sino también la obligación de modificar el diseño de las plataformas y la implementación de nuevas regulaciones para controlar la interacción de las empresas tecnológicas con los menores.
