Nuuk, Groenlandia – La situación frente al consulado estadounidense en Nuuk ha vuelto a la normalidad tras días de protestas. Groenlandeses enfurecidos habían ondeado banderas en señal de rechazo a los planes del expresidente estadounidense Donald Trump de tomar el control del territorio.
Desde el anuncio de un acuerdo sobre el futuro de la isla ártica, al margen del Foro Económico Mundial de Davos, se percibe una mayor distensión en Nuuk, según informa a DW la activista de derechos humanos Najannguaq Christensen. Sin embargo, Christensen señala que, hasta el momento, se han realizado más anuncios que acciones concretas, y persiste la sensación de que Groenlandia se discute sin involucrar realmente a sus habitantes.
Comienzo de una maratón de negociaciones
El viernes 23 de enero de 2026, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, viajó a Groenlandia “para mostrar al pueblo groenlandés el firme apoyo de Dinamarca”, en un momento que ha sido descrito como “muy, muy difícil”.
El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, se ha mostrado satisfecho por el descarte, al menos temporal, de las amenazas de una intervención militar estadounidense. No obstante, ha insistido en que ningún actor tiene mandato para negociar acuerdos sobre Groenlandia sin la participación del Gobierno groenlandés.
La jefa del Gobierno danés comparte esta opinión, pero tras una reunión con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, subrayó que la defensa y la seguridad en el Ártico son una responsabilidad compartida por toda la OTAN.
¿Qué implica el acuerdo sobre Groenlandia?
En Groenlandia, según Christensen, existe una gran expectación por conocer los detalles concretos de los cambios que se avecinan. Aún no se ha publicado ningún documento oficial y accesible al público, lo que ha generado diversas interpretaciones del acuerdo anunciado en Davos.
La versión estadounidense indica que las partes han acordado garantizar de forma permanente los intereses de Estados Unidos en el Ártico, abarcando cuestiones militares, estratégicas y económicas. Por su parte, el secretario general de la OTAN ha enfatizado la cooperación en materia de seguridad, sin implicar una cesión de derechos por parte de Dinamarca o Groenlandia.
Se prevé una modificación del acuerdo vigente desde 1951 sobre el estacionamiento de fuerzas armadas estadounidenses en Groenlandia, que permite a Estados Unidos utilizar la isla con fines militares y operar instalaciones de defensa en el marco de la defensa común. Si bien durante la Guerra Fría Estados Unidos operaba en más de 20 emplazamientos, actualmente solo cuenta con la base de Pituffik, una situación que podría cambiar en el futuro.
El «Golden Dome» de Trump
Groenlandia podría convertirse en un punto estratégico aún más importante para los sistemas estadounidenses de alerta temprana e interceptación. Trump ha calificado repetidamente a Groenlandia como crucial para su proyecto de sistema de defensa antimisiles «Golden Dome», aunque aún no está claro si la isla será incluida y de qué manera.
Desde una perspectiva militar, Groenlandia es relevante para Estados Unidos debido a su ubicación en la llamada brecha GIUK, un cuello de botella entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido que controla el acceso desde el Mar del Norte al Atlántico. En un contexto de crecientes tensiones con Rusia, esta posición geopolítica adquiere una nueva importancia.
Intereses económicos
Además de las consideraciones de seguridad, Trump también tiene en cuenta los intereses económicos. Groenlandia posee minerales esenciales para la industria armamentística y de alta tecnología, y Estados Unidos busca evitar que China gane influencia en la región. Para Nuuk, esta situación es delicada, ya que desde 2009, con la ampliación de su autonomía, Groenlandia controla sus propios recursos naturales. Cualquier acceso exclusivo o derechos especiales para Estados Unidos se consideraría una injerencia en su soberanía.
El conflicto por Groenlandia no solo refleja el estilo político de Trump, sino también un cambio más amplio. El cambio climático está abriendo nuevas rutas y facilitando el acceso a los recursos del Ártico, lo que obliga a las grandes potencias a revisar sus estrategias.
La independencia como objetivo final
La situación política de la isla, con una población de 56.000 habitantes, es compleja. Tanto el partido gobernante como los de la oposición persiguen el objetivo a largo plazo de la independencia de Groenlandia. Sin embargo, la reciente crisis ha atenuado la urgencia de esta reivindicación. Christensen explica que, antes de la escalada de tensiones, Groenlandia se encontraba en una “fase descolonial”, pero esta situación ha cambiado. La independencia se considera ahora un proyecto a muy largo plazo, y en el contexto mundial actual, crece la necesidad de protección, dado que Groenlandia no cuenta con fuerzas armadas propias.
La principal preocupación de muchos habitantes de la isla es que no se les considere socios con los mismos derechos, sino que vuelvan a ser objeto de intereses estratégicos. “Ya fuimos colonizados una vez, no queremos volver a vivirlo”, afirma la activista Christensen.
(mn/rml)
