El beso, una práctica que se remonta a millones de años, es un comportamiento humano fundamental, pero ¿cuál es su origen y por qué lo hacemos?
Aunque pueda parecer una expresión puramente romántica o afectiva, la ciencia sugiere que el beso tiene raíces mucho más profundas. Se cree que evolucionó a partir del comportamiento de los primates, específicamente de una forma de intercambio de información química a través del contacto labial.
Inicialmente, este intercambio no estaba relacionado con el romance, sino con la evaluación de la compatibilidad genética y la salud de una posible pareja. Al “probar” los químicos presentes en la saliva, los individuos podían obtener información valiosa sobre su potencial compañero.
Con el tiempo, esta práctica evolucionó y se incorporó a las interacciones sociales humanas, adquiriendo significados más complejos, como la demostración de afecto, la consolidación de vínculos y la expresión de emociones.
El beso, por lo tanto, es un ejemplo fascinante de cómo un comportamiento instintivo puede transformarse y adquirir nuevas funciones a lo largo de la evolución, convirtiéndose en una parte integral de la experiencia humana.
