La aclamada escritora británica Ali Smith presenta su nueva novela, “Glyph”, una obra que no rehúye la controversia y que, según la crítica, podría ser su trabajo más audaz hasta la fecha. La novela sigue a las hermanas Petra y Patch mientras reflexionan sobre la pérdida de su madre y su intento de comprender la naturaleza de la muerte.
“Glyph” se distingue por su compromiso explícito con la realidad política, abordando directamente temas como el apartheid y el genocidio perpetrado por el gobierno israelí en Palestina. Smith anticipa las posibles críticas sobre la cercanía de la ficción a la realidad, planteando a través de uno de sus personajes la pregunta de si las novelas deberían ser tan “cercanas a la vida real… o tan políticamente evidentes”.
Como es habitual en la obra de Smith, “Glyph” explora el poder del lenguaje, su resonancia etimológica y sus múltiples interpretaciones. La relación entre Petra y Patch, descrita como delicada y afectuosa, se ve enriquecida por el significado de sus nombres: Petra, que evoca solidez y autoridad, y Patch, que sugiere reparación, supervivencia y perseverancia. En el contexto de una “ocupación militar de Palestina” prolongada y devastadora, sus nombres resuenan como un latido constante y perturbador.
La novela también recurre a imágenes impactantes, como la historia de un soldado de la Segunda Guerra Mundial aplastado por un tanque, cuyo fantasma las hermanas comienzan a invocar. Smith juega con la idea de la representación de la muerte y el silencio, especialmente en relación con las imágenes y los informes de muertes similares en Palestina. Un ejemplo de esto es la reacción de la hija adolescente de Patch ante un video de un caballo atrapado bajo los escombros, quien comenta que “probablemente sea Gaza”, una certeza que no deja lugar a dudas en el lector.
La novela no se abstiene de describir la terrible realidad de las miles de personas asesinadas en Gaza mientras buscaban ayuda, citando una descripción escalofriante de francotiradores que disparan a los civiles “a las manos, a las cabezas…”. Smith también critica la burocracia y el autoritarismo del estado británico, a través de la historia de la hija de Patch, arrestada por agitar una bufanda “de forma agresiva”, y la absurda justificación legal que se le ofrece a su madre.
“Glyph” es una obra valiente y moralmente firme, que se enfrenta a una ortodoxia estética que a menudo privilegia la distancia y la ironía. Smith, con su enfoque implacable en el lenguaje, desentraña las manipulaciones y las distorsiones del lenguaje político, recordándonos, como Orwell, que “el lenguaje político… está diseñado para hacer que las mentiras suenen verídicas y el asesinato respetable”.
Descrita como “familiar” a su predecesora, “Gliff”, “Glyph” comparte un tono y un juego de palabras. Desde el título, Smith nos atrae con un guiño lúdico, solo para revelar la profundidad del tema una vez que nos sumergimos en el lenguaje. “Gliff”, una palabra escocesa que significa vislumbrar o sobresaltarse, contrasta con “Glyph”, que significa tallar, marcar o grabar. Así, pasamos de lo fugaz a lo permanente, de la imagen pasajera a la inscripción indeleble. Pasamos de ser observadores a testigos. Y, como concluye Smith, no podemos decir que no vimos la oscuridad.
