En el Deutsches Schauspielhaus de Hamburgo, Yana Ross presenta una nueva versión de “La Gaviota” de Anton Chéjov, una obra maestra de 1896 que explora la búsqueda del amor, la felicidad y el significado del arte. La producción se centra en un grupo de personajes atrapados en la provincia, cada uno lidiando con sus propias frustraciones y anhelos.
Nina, una joven aspirante a actriz, sueña con la fama, mientras que Irina Arkadina, una actriz consagrada, disfruta de su éxito junto a su amante, el escritor Trigorin. El hijo de Arkadina, Kostja, busca la vanguardia artística, mientras que su tío Sorin ha ahogado sus ambiciones creativas en el alcohol. El médico Dorn, poco convencional en su práctica y con una vida amorosa compleja, y Polina, la administradora de la finca, dedicada al cuidado de sus plantas, completan este peculiar elenco.
La obra también presenta a Mascha, un personaje marcado por la melancolía, y al profesor Medwedenko, un hombre reprimido que eventualmente se casará con ella. La atmósfera se llena de momentos agridulces, con canciones como “Ne me quitte pas”, “Dreams are my reality” y “If you don’t know my by now” resonando en el ambiente.
Paul Behren ofrece una interpretación cautivadora de Kostja, un joven impulsivo y dedicado a su durational performance, un experimento artístico que desconcierta a su madre, Bettina Stucky, una mujer tecnófoba. Arkadina, interpretada con maestría, no duda en criticar a la triste Mascha (Henri Jörrissen) y en intentar devolver a la soñadora Nina (Josefine Israel) a la realidad.
„Die Möwe“, Deutsches Schauspielhaus, Hamburg. Próximas funciones: 7, 19 y 24 de febrero, a las 20:00 horas
Nina, enamorada de la idea de ser actriz y del talento de Trigorin (Daniel Hoevels), imita cada uno de sus gestos y respiraciones. La escenografía de Bettina Meyer crea un espacio intrigante, con un gran agujero que conecta el escenario con un vacío prometedor.
Cercanía a los personajes
La dirección de Ross acerca al público a los personajes, permitiendo sentir su anhelo y preocuparse por sus vidas. La interpretación de Josefine Israel como Nina es especialmente destacable, transmitiendo la convicción de que el arte lo justifica todo y que la felicidad reside en la admiración del público.
La obra cuenta con un elenco excepcional, incluyendo a Josef Ostendorf, Angelika Richter, Samuel Weiss y Pascal Houdus. La puesta en escena, aunque a veces confusa en su construcción técnica, con elementos como una mesa de ping-pong y un juego de karaoke, logra crear un estudio conmovedor de la condición humana.
Lo que surge es un estudio de lo demasiado humano en general
En definitiva, la producción de Ross es un espectáculo fascinante, aunque no siempre coherente en su puesta en escena. Como diría Irina Arkadina: “He respirado, lo he disfrutado”.
