Según expertos en nutrición y salud infantil, asegurar que los niños reciban una alimentación equilibrada y saludable durante una enfermedad ayuda indudablemente a su recuperación y los protege de futuras infecciones. Existe también una creciente necesidad de que los padres enseñen a sus hijos hábitos alimenticios y de estilo de vida saludables desde temprana edad.
Cuando los niños, especialmente aquellos menores de cinco años, se enferman, su apetito suele ser lo primero en disminuir. Si bien esto puede ser estresante para los padres, proporcionar la nutrición adecuada sigue siendo crucial para una pronta recuperación. Es importante tomar decisiones alimenticias saludables, guiadas por expertos en nutrición.
Afortunadamente, existen formas sencillas y comprobadas de abordar las comidas durante la enfermedad y apoyar el proceso natural de curación del cuerpo a través de la alimentación. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) ha afirmado consistentemente que una buena nutrición juega un papel fundamental en el desarrollo temprano de la infancia y brinda a los niños la oportunidad de alcanzar su máximo potencial.
De acuerdo con UNICEF, una buena nutrición es la base de la supervivencia y el desarrollo infantil. “Cuando los niños están enfermos, como en casos de diarrea, sarampión o neumonía, su apetito disminuye y su cuerpo utiliza los alimentos de manera menos efectiva. Es muy importante animar a un niño enfermo a comer. Esto puede ser difícil, ya que los niños enfermos pueden no tener hambre. Se debe seguir ofreciendo los alimentos que le gustan al niño, en pequeñas cantidades y con la mayor frecuencia posible”, señaló UNICEF.
El Dr. Wasiu Afolabi, ex presidente de la Sociedad de Nutrición de Nigeria, aconsejó a los padres que no le den a los niños comidas que no proporcionen suficiente proteína, vitaminas y minerales esenciales para un crecimiento saludable. En una entrevista anterior, el nutricionista destacó que los niños necesitan una nutrición integral para crecer adecuadamente, tanto mental como físicamente.
Afolabi enfatizó la importancia de una buena alimentación incluso cuando los niños están enfermos, señalando que la nutrición juega un papel importante en su desarrollo físico y mental. “La nutrición es muy importante. Un niño hambriento no puede concentrarse y un niño desnutrido está letárgico. Si logramos una nutrición adecuada, veremos que otros problemas subyacentes se aliviarán”, afirmó.
Instó a los padres a priorizar comidas equilibradas que contengan todos los nutrientes clave, especialmente cuando los niños están enfermos, para ayudar a la recuperación. Un niño enfermo pierde una cantidad significativa de líquidos corporales debido al aumento de la temperatura corporal, la sudoración y, a veces, la diarrea, lo que hace que sea esencial aumentar la ingesta de líquidos. Los niños enfermos también pierden mucha energía debido a la fiebre y la falta de apetito causada por la propia enfermedad.
Si bien la falta de apetito es normal durante la enfermedad, el cuerpo de un niño aún necesita la nutrición adecuada para combatir la infección y recuperarse. Una buena nutrición ofrece los siguientes beneficios:
- Impulso de energía: La enfermedad agota las reservas de energía. Los alimentos ricos en nutrientes proporcionan la energía necesaria para que el sistema inmunológico funcione de manera óptima, ayudando a los niños a sentirse mejor más rápido.
- Hidratación: La fiebre y la deshidratación a menudo van de la mano. Ofrecer líquidos como agua, caldo claro o jugos de frutas diluidos ayuda a prevenir la deshidratación y mantiene el buen funcionamiento de los procesos corporales.
- Apoyo nutricional: Las vitaminas y los minerales esenciales son cruciales para la función inmunológica, la reparación de tejidos y la salud en general. Una variedad de alimentos ricos en nutrientes puede ayudar a reponer los nutrientes agotados.
Navegar por las comidas con un niño enfermo puede ser un desafío, pero los siguientes consejos pueden ayudar:
- Comidas pequeñas y frecuentes: En lugar de tres comidas grandes, opte por comidas y refrigerios más pequeños y frecuentes a lo largo del día, lo que puede ser más fácil para un estómago sensible.
- Concéntrese en la hidratación: Mantener a los niños hidratados es clave. Ofrezca caldos claros, paletas de hielo, soluciones de rehidratación oral (según lo recomendado por un médico) y jugos de frutas diluidos con moderación.
- Alimentos reconfortantes: Los alimentos familiares y reconfortantes, como galletas saladas simples, tostadas o sopas suaves, pueden ser más fáciles de tolerar y aún proporcionar energía.
- Ofrezca variedad: Si bien los alimentos reconfortantes son aceptables, los padres aún deben intentar introducir opciones saludables. Las frutas en puré con yogur, las papas machacadas con un poco de queso o los huevos revueltos suaves pueden proporcionar nutrientes esenciales.
- La presentación importa: Hacer que las comidas sean visualmente atractivas, como cortar las frutas en formas divertidas o usar platos coloridos, puede animar a los niños a comer.
Para una recuperación más rápida, los expertos recomiendan priorizar los siguientes alimentos ricos en nutrientes durante la enfermedad:
- Frutas y verduras: Ricas en vitaminas, minerales y antioxidantes, apoyan el sistema inmunológico y ayudan a la recuperación.
- Proteína magra: La proteína es esencial para la reparación de tejidos y la función inmunológica. Las carnes magras, el pescado, los huevos o los frijoles deben incluirse según sea tolerado.
- Probióticos: El yogur con cultivos vivos y activos puede ayudar a apoyar la salud intestinal y acelerar la recuperación de algunas enfermedades.
- Alimentos ricos en zinc: El zinc apoya la función inmunológica y se puede encontrar en alimentos como la carne roja magra, los cereales fortificados y otras fuentes apropiadas para la edad.
Los expertos también aconsejan a los padres que escuchen a sus hijos y respeten su apetito, en lugar de obligarlos a comer si se sienten nauseabundos. Incluso cuando la ingesta de alimentos es baja, la hidratación debe seguir siendo una prioridad. Los padres deben trabajar con los alimentos que disfrutan sus hijos, al tiempo que introducen opciones saludables. También se les anima a consultar con profesionales de la salud si un niño tiene necesidades dietéticas específicas, dificultad para retener líquidos o una enfermedad prolongada.
En última instancia, la paciencia es clave. La recuperación lleva tiempo y se debe celebrar incluso el pequeño progreso. Al priorizar una buena nutrición y reducir el estrés durante las comidas, los padres pueden ayudar a sus hijos a combatir la enfermedad y recuperarse más rápidamente.
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