Euro digital: soberanía económica y comisiones cero para PYMES

by Editor de Mundo

Europa se prepara para dar un paso histórico con la introducción del euro digital. Sin embargo, para que este proyecto no se quede en un ejercicio teórico confinado en los pasillos de Fráncfort o Bruselas, es necesario un análisis realista de la situación económica. Es fundamental reconocer que el euro digital no surge de una demanda espontánea del mercado ni de una petición urgente de los consumidores, sino de una necesidad política clara: fortalecer la soberanía económica de la Unión y garantizar la autonomía estratégica en el sector de los pagos, actualmente dependiente de operadores privados ajenos a Europa.

El desafío del último tramo y el papel de las Pymes

Si el objetivo es público y estratégico, su implementación no puede recaer completamente sobre el tejido productivo privado, especialmente sobre las pequeñas y medianas empresas. El verdadero desafío para la difusión de la nueva moneda reside en el último tramo del proceso: en el mostrador del bar, la caja del restaurante, la tienda de barrio. Es ahí donde se producen millones de interacciones económicas diarias que constituyen la base de la economía real.

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Pagos de bajo importe y la lógica de los costos

Los datos del Banco Central Europeo (BCE) ofrecen una imagen clara. En los puntos de venta físicos de nuestro continente, más del 50% de los pagos corresponden a importes iguales o inferiores a 20 euros. Si se reduce el umbral a menos de 10 euros, el uso de tarjetas y aplicaciones se desploma hasta el 32,5%, dejando al efectivo un predominio casi absoluto.

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¿Por qué ocurre esto? No por falta de tecnología, sino por una simple lógica de costos y beneficios. Actualmente, las pequeñas empresas pagan comisiones por los pagos electrónicos que son, en promedio, tres o cuatro veces superiores a las que asume la gran distribución organizada.

El riesgo de irrelevancia del euro digital

En este escenario, introducir el euro digital añadiendo una carga adicional o replicando los modelos de costo de los circuitos privados significaría condenarlo a la irrelevancia desde el principio. Si la moneda digital del BCE no se percibe como ventajosa –e incluso más competitiva– en comparación con las tarjetas de débito o crédito actuales, los comerciantes no tendrán ningún incentivo para promoverla. Y sin la adhesión decidida de la red de aceptación, el hábito de su uso nunca se arraigará entre los ciudadanos.

Comisiones, competencia y el éxito del proyecto europeo

Por este motivo, la propuesta surgida en Bruselas de eliminar las comisiones a cargo de los comerciantes por las transacciones en euro digital de bajo importe no es una petición corporativa, sino una medida de política económica necesaria. Prever un período inicial, estimado en cinco años, en el que los micropagos estén exentos de comisiones es la única herramienta capaz de romper el actual oligopolio. Recordemos que hoy el mercado europeo del acquiring está concentrado en manos de 12 operadores que controlan el 78% de las transacciones, y casi la mitad de ellos no tiene sede en la Unión Europea.

El euro digital debe aspirar a convertirse en el equivalente digital del efectivo: público, universalmente aceptado y, para las pequeñas compras, libre de fricciones económicas. Si el Eurosistema quiere que esta moneda forme parte de la vida cotidiana, debe hacerla conveniente para quien paga un café. Es una cuestión de sostenibilidad para las empresas, pero sobre todo de éxito para todo el proyecto europeo. Sin gratuidad en los pequeños importes, corremos el riesgo de construir una autopista digital hermosa pero desierta.

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(reproducción reservada)

*presidente Fipe-Confcommercio

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