Datos preclínicos, aunque limitados en estudios clínicos, sugieren que los análogos de GLP-1 y GLP-1/GIP inducen cambios en la microbiota intestinal durante la pérdida de peso. Según la Dra. Karine Clément, directora de investigación sobre la obesidad en Inserm/Sorbonne Université, “en modelos animales se observa una modificación de los grupos bacterianos, con un aumento de Akkermansia, la producción de ácidos grasos de cadena corta y una disminución de los taxones proinflamatorios”.
Estos cambios se asocian a efectos beneficiosos, como la mejora de la barrera intestinal, la reducción de la inflamación metabólica, un impacto positivo en la MAFLD (enfermedad del hígado graso no alcohólico) y posibles interacciones con el eje intestino-cerebro.
Los datos en humanos muestran, como era de esperar, variabilidad individual relacionada con la microbiota y diferentes trayectorias metabólicas, lo que abre un potencial creciente para la estratificación y la predicción de resultados. La especialista subraya la necesidad de realizar estudios mecanísticos integrativos y evaluar la relación con la alimentación, destacando la importancia de la diversidad alimentaria para restaurar los ecosistemas intestinales.
