En el competitivo mundo de las artes escénicas, abrirse camino ya es un desafío considerable. Pero, ¿qué ocurre cuando además se te etiqueta con una ideología política que, según algunos, te excluye de antemano? Robert Cooperman parece ser la excepción que confirma la regla: un productor teatral abiertamente conservador que ha logrado fundar su propia compañía, a pesar de las dificultades.
La información sugiere que Cooperman es, posiblemente, el único en su tipo. Una búsqueda rápida sobre “compañías de teatro conservadoras” revela la escasez de iniciativas similares, lo que subraya aún más la singularidad de su proyecto y los obstáculos que ha tenido que superar para hacerlo realidad.
