Variaciones en el ADN de cada individuo pueden influir en la forma en que el cerebro reacciona a ciertas drogas, o incluso en los mecanismos que impulsan la compulsión. Estas mutaciones genéticas nunca determinan por sí solas la adicción, pero sí modulan el riesgo de desarrollarla.
Los genes, arquitectos silenciosos de una predisposición a la adicción
Se sabe que tener antecedentes familiares de adicción aumenta significativamente el riesgo de padecerla. Esto puede deberse tanto a que los miembros de una misma familia comparten un entorno común, como a que comparten, en parte, sus genes. Para estimar la proporción del riesgo atribuible a los genes, se compara la frecuencia de la adicción entre personas que comparten un alto grado de similitud genética y aquellas que comparten menos, pero que se desarrollan en un entorno similar. Por ejemplo, se compara la concordancia de las tasas de adicción entre gemelos idénticos y gemelos fraternos.
Algunos variantes genéticos aumentan el riesgo
Diversos variantes genéticos incrementan el riesgo de adicción en general, independientemente de la sustancia. Sin embargo, sus efectos individuales son relativamente débiles, y es su combinación la que ejerce una influencia real. Algunos de estos variantes aumentan la probabilidad de experimentar con drogas, mientras que otros facilitan la transición hacia un consumo compulsivo, modificando de antemano los circuitos cerebrales. Otros, a menudo más impactantes, influyen en la sensibilidad de una persona a una sustancia en particular.
