Después de un infarto, el corazón no solo sufre daños directos, sino que también desencadena una serie de respuestas complejas que pueden “engañar” al cerebro y al sistema inmunológico. Investigaciones recientes revelan que el corazón, tras un evento cardíaco, libera señales que alteran la función cerebral y modulan la respuesta inmune del organismo.
Estas señales pueden provocar confusión en el cerebro, afectando procesos cognitivos y emocionales. Además, el sistema inmunológico, en lugar de centrarse únicamente en la reparación del tejido cardíaco dañado, puede verse desviado por estas señales, lo que podría tener consecuencias a largo plazo en la recuperación del paciente.
Comprender estos mecanismos es crucial para desarrollar nuevas estrategias terapéuticas que no solo se enfoquen en la reparación del corazón, sino también en la modulación de la respuesta cerebral e inmunológica, optimizando así la recuperación y mejorando la calidad de vida de los pacientes que han sufrido un infarto.
