La imagen muestra a Bill Gates sosteniendo un modelo de vacuna en la Asamblea Mundial de la Salud de la ONU en Ginebra, Suiza, en 2011. Gates advirtió sobre el peligro de los virus en una conferencia TED en 2015, lo que posteriormente lo convirtió en un personaje central en teorías de conspiración relacionadas con las vacunas.
“La Tierra es plana”, “La humanidad nunca ha pisado la Luna”, “Bill Gates está implantando microchips en las vacunas”. Aunque muchas personas se ríen de estas afirmaciones, hay quienes las toman en serio. Son las personas que creen en la desinformación y las teorías de la conspiración. A menudo, tendemos a pensar que quienes caen en estas creencias simplemente carecen de inteligencia, pero la realidad es que entre los creyentes se encuentran políticos influyentes y líderes empresariales, e incluso podemos observar a familiares y amigos sucumbiendo a estas ideas.
¿Cómo llegamos a creer en algo? ¿Y cómo podemos discernir qué creencias son válidas y cuáles no? Explorar la solidez de nuestras creencias a través de la lente de la filosofía de la ciencia puede ofrecernos algunas respuestas.
La condición de la ciencia real: la falsabilidad
Thomas Kuhn, en su obra “La estructura de las revoluciones científicas”, introdujo el concepto de paradigma. Un paradigma es el conjunto de teorías y valores compartidos por los científicos de una época. Según Kuhn, los científicos no observan los fenómenos de manera objetiva, sino que interpretan el mundo a través de este marco de referencia.
Los teóricos de la conspiración también poseen un paradigma poderoso. Dentro de un marco de pensamiento como “el gobierno nos engaña” o “la comunidad científica está al servicio del poder”, todo evento se interpreta como evidencia de ello. Kuhn explica que, incluso cuando surgen fenómenos anómalos que contradicen el paradigma, los científicos no abandonan inmediatamente la teoría. Más bien, tienden a minimizar estos errores y a mantener el paradigma existente. Por ejemplo, para un terraplanista, la desaparición de un barco en el horizonte no es evidencia de la curvatura de la Tierra, sino una ilusión óptica causada por la refracción atmosférica.
¿Cuál es la diferencia crucial entre la ciencia y las teorías de la conspiración? Karl Popper planteó que la condición de una teoría científica genuina es su falsabilidad. Según Popper, una teoría científica debe ser susceptible de ser refutada. Por ejemplo, la teoría de la relatividad general de Einstein es científica porque, si durante un eclipse solar no se hubiera observado la desviación de la luz de las estrellas por la gravedad del sol, la teoría habría tenido que ser descartada. Einstein especificó claramente las condiciones bajo las cuales su teoría podría ser incorrecta.
Por el contrario, las teorías de la conspiración nunca son incorrectas. Si a un terraplanista se le muestra una fotografía satelital de la Tierra esférica, responderá que la NASA la ha manipulado con Photoshop. Si se le presenta la evidencia de la sombra redonda de la Tierra proyectada sobre la Luna, argumentará que existen dos lunas. Esta capacidad de absorber cualquier evidencia en contra, es lo que Popper describe como una característica típica de la pseudociencia.
Sin embargo, hoy en día pocos científicos aceptan estrictamente el falsacionismo de Popper. La ciencia real no funciona de manera tan radical, descartando teorías con un solo contraejemplo. El concepto de paradigma de Kuhn, por ejemplo, surgió en oposición al falsacionismo de Popper. Según Popper, un paradigma se abandona cuando se acumulan numerosos fenómenos anómalos que no pueden ser explicados por el paradigma existente, generando desconfianza. Un nuevo paradigma derriba los logros del paradigma anterior y da lugar a una nueva ciencia normal. Esto es lo que Popper llamó una revolución científica.
Cómo los “teóricos de la conspiración” mantienen sus creencias
Existe otra perspectiva: la tesis de Duhem-Quine. Esta tesis es una forma de holismo. Una hipótesis nunca se verifica de forma aislada. Está entrelazada como una red con numerosas hipótesis auxiliares, métodos experimentales e instrumentos de medición. En otras palabras, si un resultado experimental difiere de lo esperado, no está claro si la hipótesis es incorrecta o si hay errores en las teorías subyacentes al experimento o en los instrumentos utilizados.
La tesis de Duhem-Quine ofrece otra razón para explicar la persistencia de las teorías de la conspiración. Por ejemplo, si para verificar la hipótesis de que “la Tierra es redonda” tomamos una fotografía de la Tierra con una cámara, simultáneamente creemos en numerosas hipótesis auxiliares como “la luz viaja en línea recta”, “la cámara no distorsiona la imagen” y “no hay errores en el proceso de transmisión de la fotografía”. Los teóricos de la conspiración explotan este punto. Para proteger la hipótesis central (la Tierra es plana), atacan las hipótesis auxiliares (la NASA intervino en el proceso de transmisión de datos).
¿Estamos condenados a vivir para siempre dentro de nuestros propios mundos irrefutables? El epistema bayesiano ofrece una alternativa realista. En el epistema bayesiano, la creencia no es un simple 0 (falso) o 1 (verdadero), sino una probabilidad entre 0 y 1. La clave está en actualizar las creencias existentes cuando surgen nuevas evidencias. Una persona racional debe ajustar su nivel de creencia en una hipótesis cuando se enfrenta a nuevas evidencias. Si alguien cree con un 90% de probabilidad que la Tierra es plana, después de ver fotografías de la Tierra tomadas desde el espacio, debería reducir esa probabilidad al 80% o 70%. Esta actitud puede servir como base para un diálogo significativo. La persuasión efectiva no reside en una lógica que cambie la verdad y la falsedad de golpe, sino en la modificación gradual del grado de creencia.
Por qué las teorías de la conspiración son atractivas
Las teorías de la conspiración son atractivas porque nos brindan una falsa sensación de control. El cerebro humano aborrece la incertidumbre y trata de encontrar una razón en el caos para encontrar estabilidad. La desinformación explota estas vulnerabilidades del cerebro, ofreciendo una falsa sensación de consuelo. El poder para contrarrestar las teorías de la conspiración reside en la actitud: reconocer los límites del paradigma, cuestionar la posibilidad de que una teoría sea incorrecta y modificar las creencias de manera flexible. Solo en esta actitud podemos escapar del mundo plano de las teorías de la conspiración y avanzar hacia un universo informe.
*Un espacio para extraer la ciencia de todo el contenido del mundo. Reflexiones científicas breves y concisas de un novelista de ciencia ficción con formación en ingeniería. Publicado cada tres semanas.
