„Esto es una señal de que la gente está cansada de correr de tienda en tienda, buscando dónde está el café más barato esta semana, dónde la carne y dónde el aceite. El consumidor quiere venir a un solo lugar, encontrar su surtido y precios bajos. Sin juegos adicionales”, afirma A. Vizickas.
Según una encuesta representativa realizada por “Norstat” en enero de este año, hasta la mitad (48%) de los residentes indica que prefiere comprar a un precio bajo sin esperar ofertas. Otro 32% opta por un precio medio con ofertas más frecuentes. Solo el 8% elegiría precios más altos con descuentos mayores.
“En esencia, esto significa que hasta el 80% de los consumidores buscan estabilidad y precios fijos. El comprador de productos básicos hoy en día es racional: lo más importante para él es si puede permitirse la calidad a un precio normal”, señala.
El juego del gato y el ratón
La gran mayoría de los residentes que participaron en la encuesta –un 65%– reconocen que las ofertas tienen un gran impacto en la asequibilidad de los alimentos. Solo el 6% cree que el impacto es pequeño. Según A. Vizickas, esto demuestra que las ofertas ya no son una oportunidad adicional para ahorrar, sino una necesidad.
“Si veo que el café cuesta 10 o 12 euros, es natural que no lo compre sin una oferta. Esperaré. Y así piensa la mayoría. Hoy tenemos un juego del gato y el ratón: los comerciantes esperan que las ofertas impulsen las ventas, y los consumidores dicen: no compraré sin una oferta”, afirma el experto.
Desequilibrio en toda la cadena de suministro
El fundador de “Pricer.lt” señala que el sistema comercial basado en descuentos afecta a toda la cadena de suministro, desde el consumidor hasta el proveedor.
“Cuando hay una oferta, solo se compra ese producto. Los demás permanecen en las estanterías. Esto afecta a la logística, la producción, la planificación de materias primas. Un proveedor que no participa en la oferta puede prácticamente detener su actividad esa semana”, explica A. Vizickas.
Además, los proveedores compiten cada vez más no por la calidad del producto, sino por la posibilidad de asignar un presupuesto a la oferta.
“Si un competidor tiene esas posibilidades y tú no, tu producto pasa desapercibido”, observa el experto.
Esto es especialmente difícil para los pequeños proveedores. A menudo no tienen los recursos para unirse a este juego: “Para estas empresas, el mercado masivo se vuelve inalcanzable: se ven obligados a buscar canales alternativos: quioscos, mercados, tiendas especializadas”.
El consumidor paga con su tiempo
El mayor coste de este sistema de ofertas lo paga el consumidor, no solo económicamente, sino también con su tiempo.
“Una persona invierte una cantidad enorme de energía para comprar de forma racional. En lugar de pasar tiempo con la familia o descansando, busca dónde los alimentos son más baratos hoy”, observa A. Vizickas.
Según él, esto forma un consumo irracional: el comprador elige no lo que realmente necesita, sino lo que es más barato en ese momento.
“Compramos más de lo necesario, tiramos parte. A veces elegimos una calidad inferior solo porque es más barata. Este es un desequilibrio que a largo plazo cuesta más”, afirma A. Vizickas.
La encuesta de “Norstat” reveló que el 57% de los hogares tienen en su cesta de la compra principalmente productos con descuento o en oferta. Otro tercio (32%) de los encuestados indica que tales productos representan menos de la mitad.
“Si un producto favorito estuviera a un precio asequible sin oferta, la mayoría de la gente lo compraría. Pero cuando vemos un precio inflado y solo es realmente asequible con un descuento, la persona tiene que hacer un compromiso consigo misma”, dice A. Vizickas.
Es hora de un cambio
Según el experto, el modelo de ofertas arraigado en Lituania lleva más de una década en funcionamiento, pero hoy en día no satisface claramente ni las expectativas de los consumidores ni la realidad económica. El comportamiento del consumidor está cambiando, las señales del mercado también, pero los principios de fijación de precios siguen siendo rígidos.
“El consumidor no ahorra por buena vida. Ahorra porque su poder adquisitivo está disminuyendo. Los servicios son más caros, los impuestos aumentan y los salarios apenas siguen el ritmo de los precios. En la situación económica actual, la gente necesita un precio real, claro y estable, no un precio artificialmente inflado que solo se pueda adquirir con una pseudo-oferta”, enfatiza el director de “Pricer.lt”.
