Existe un creciente consenso sobre la necesidad de reducir las tasas de tabaquismo a través del aumento de precios y la expansión de la base imponible. Esta estrategia, según diversas voces, permitiría asegurar una fuente estable de financiamiento para la salud pública.
Dado que ya se ha demostrado la naturaleza adictiva y perjudicial del tabaco, se argumenta que estas medidas no solo contribuirían a la salud pública, sino que también fortalecerían los recursos destinados a la atención médica.
La propuesta se centra en la idea de que un incremento en los ingresos fiscales provenientes del tabaco podría destinarse a garantizar la sostenibilidad financiera de los sistemas de salud pública.
