Las grandes empresas tecnológicas (Huge Tech) están apostando fuertemente por la inteligencia artificial (IA), con inversiones de capital que superan los 700.000 millones de dólares (590.000 millones de euros), lo que representa un aumento del 75% en comparación con 2025.
Según datos revelados en los informes financieros de diversas compañías y las proyecciones de analistas, el gasto de capital (CapEx) estimado para este año asciende a más de 700.000 millones de dólares (590.000 millones de euros) destinados a la infraestructura de IA. Esta cifra supera el Producto Interno Bruto (PIB) nominal de Suecia, una de las economías europeas más importantes, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Se prevé que las ventas mundiales de chips alcancen los 1.000.000 millones de dólares (842.000 millones de euros) por primera vez este año, según la Semiconductor Industry Association de Estados Unidos. Además, bancos y consultoras como JPMorgan Chase y McKinsey pronostican que las inversiones en CapEx relacionadas con la IA superarán los 5.000.000 millones de dólares (4.200.000 millones de euros) para 2030, impulsadas por una “demanda astronómica” de potencia de cálculo.
El CapEx se refiere a los fondos que una empresa destina a la construcción, mejora o mantenimiento de activos a largo plazo, como propiedades, plantas y tecnologías. Estas inversiones buscan aumentar la capacidad y eficiencia de la empresa durante varios años.
En un reciente encuentro en Nueva Delhi, líderes tecnológicos y políticos expresaron su preocupación por la rápida evolución de los sistemas de IA y la falta de regulación. Altman, CEO de OpenAI, enfatizó la necesidad urgente de regular la IA, advirtiendo que la centralización de esta tecnología en una sola empresa o país podría tener consecuencias negativas. También alertó sobre el potencial de modelos de código abierto para la creación de nuevos agentes patógenos.
Existe una creciente inquietud sobre la posibilidad de perder el control sobre la IA a medida que se vuelve más autónoma. Algunos expertos sugieren que es crucial abordar las vulnerabilidades humanas en el desarrollo de la IA y establecer límites claros para evitar resultados imprevistos.
