Un reciente informe ha revelado casos “inaceptables” de comportamiento insensible y cruel por parte del personal médico hacia las familias en momentos de gran vulnerabilidad, incluyendo después de la pérdida de un bebé. En un caso, una doula que acompañaba a una madre que había esperado unas horas después de la rotura de aguas antes de ingresar al hospital, relató que la consultora la “increpó” con palabras como: «¿Por qué no viniste antes? ¿Eres estúpida?». La doula expresó su incredulidad ante la posibilidad de confiar en un profesional que se muestra tan desdeñoso, condescendiente y poco respetuoso.
Otro familiar describió una experiencia similar, sintiendo que el personal ignoraba por completo sus necesidades tras la pérdida de su bebé. “Solo querían deshacerse de nosotros y nadie se tomó el tiempo para brindarnos el cuidado que necesitábamos”, afirmó. Incluso, al salir del hospital, se les sugirió que cubrieran el rostro del bebé “para no molestar a nadie”.
Racismo contra mujeres negras y asiáticas
La investigación también reveló numerosos incidentes de racismo sistémico e interpersonal dirigidos a mujeres negras y asiáticas dentro de la atención materno-neonatal. En algunos casos, se estereotipó a las mujeres asiáticas como “princesas”, sugiriendo que eran incapaces de soportar el dolor y excesivamente exigentes. Un miembro de una organización comunitaria informó haber escuchado a un miembro del personal del hospital decir: “Las asiáticas simplemente siguen y siguen y siguen”.
Por el contrario, se describió a las mujeres negras como poseedoras de una “piel dura” y capaces de tolerar un dolor excesivo, a la vez que se las estereotipaba como enojadas o agresivas. Durante un panel de testimonios, una mujer declaró: “Imploré ayuda… me hicieron sentir como si fuera una mujer negra agresiva y enojada. Pero ese no soy yo”. Otra añadió: “Siento que para nosotras, las mujeres negras, creen que podemos soportar el dolor, incluso cuando nos quejamos”.
Falta de transparencia y rendición de cuentas
Muchas familias denunciaron una preocupante falta de transparencia, así como “encubrimientos” y actitudes defensivas por parte de las autoridades sanitarias tras experiencias traumáticas y la pérdida de bebés. En un caso, un familiar solicitó sus registros médicos en formato papel y descubrió que no coincidían con los enviados electrónicamente, observando “modificaciones y numerosas secciones redactadas”. Otro testimonio reveló que “la autoridad sanitaria entregó mágicamente a sus abogados notas que reaparecieron después de tres años”, sabiendo que eran inexactas.
Insuficiencia de personal y recursos
El personal de maternidad se encontró constantemente sobrecargado de trabajo, teniendo que realizar múltiples tareas para compensar la falta de personal. Una partera relató haber sido llamada a una sala de partos saturada, a pesar de no ser su área habitual. “Así que la mitad del tiempo tenemos que preguntar a la gente qué hacer”, explicó. “No estamos brindando el mismo servicio que las parteras de la sala de partos, porque ellas conocen el área como la palma de su mano”.
Las parteras también expresaron “vergüenza” por su profesión debido al escrutinio público y las críticas recibidas, mientras que otras luchaban contra el agotamiento. Además, se constató que las salas de maternidad a menudo estaban fuera de servicio debido a goteras en los techos y riesgos de incendio, lo que obligaba al personal a realizar reparaciones básicas que retrasaban la atención a las pacientes.
