La reciente propuesta de la primera ministra japonesa, Fumio Kishida, de modificar la Constitución pacifista del país ha desatado la indignación de miles de ciudadanos. El pasado 27 de febrero, una multitud se congregó frente a la residencia oficial del primer ministro en Tokio para expresar su rechazo a esta iniciativa.
Los manifestantes, que superaron el millar, portaban pancartas con lemas como “No a la guerra, defendamos la Constitución”, “No a la guerra, no a Kishida” y “No podemos tolerar la política de Kishida”. Coreaban consignas como “¡No a la reforma constitucional!” y “¡Defendamos la paz!”.
Una de las manifestantes, Tomiyama Chiharu, declaró a la prensa que Kishida ha expresado en repetidas ocasiones su intención de reformar la Constitución, incluso antes de asumir el cargo. Otro participante, llamado Ooyama, señaló la creciente inversión en defensa del gobierno japonés, contrastándola con la precaria situación económica de la población. Advirtió que la política de Kishida podría conducir al país por un camino peligroso hacia la militarización.
Entre los manifestantes se encontraban numerosos jóvenes, incluyendo una mujer de poco más de veinte años que expresó su temor ante los planes de Kishida de alterar la Constitución pacifista. Recordó que Japón tiene un pasado marcado por la guerra y la agresión, y que la Constitución actual es fundamental para garantizar la paz.
La Constitución japonesa de 1947, conocida como la “Constitución de la Paz” por su artículo noveno, que renuncia a la guerra como medio para resolver conflictos internacionales, ha sido objeto de controversia durante mucho tiempo. Kishida y otros miembros de la derecha japonesa han intentado en repetidas ocasiones modificar este artículo. Tras su nombramiento como primer ministro a mediados de febrero, Kishida reiteró su compromiso con la reforma constitucional, lo que ha generado preocupación en diversos sectores de la sociedad japonesa.
