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Nutrición del Olivo: pH, Estructura del Suelo y Calendario de Fertilización 2026

by Editora de Salud

Para que un olivo alcance su máximo potencial productivo, es fundamental que cuente con una nutrición equilibrada y continua. La disponibilidad de los nutrientes depende del pH del suelo, su estructura, la capacidad de intercambio catiónico y la disponibilidad de agua, un factor crucial para la absorción de nutrientes por las raíces y su movilidad.

En este contexto, la fertilización ya no debe considerarse una práctica fija, sino que debe transformarse en una “nutrición dinámica”, capaz de adaptarse a la cosecha, a los recursos hídricos disponibles y al estado vegetativo actual del olivo.

Además de los macronutrientes esenciales –nitrógeno, fósforo y potasio–, que mantienen sus óptimos rangos de pH para la absorción (N 6–8; P 6,5–7,5; K 6,1–7,3), los micronutrientes están siendo objeto de estudios técnicos, ya que son más propensos a convertirse en factores limitantes en las fases críticas del ciclo productivo. Entre ellos, el boro (pH 5,2–7), el zinc (pH 5–7) y el hierro (pH 4,5–6,5) desempeñan un papel fundamental en la formación de frutos, el crecimiento de los brotes y la síntesis de clorofila.

Incluso con un suministro adecuado de macronutrientes, la deficiencia de un solo micronutriente puede afectar el rendimiento y la calidad, lo que hace esencial una gestión nutricional más cuidadosa, específica y adaptable. El equilibrio nutricional del olivo también depende de cómo interactúan los nutrientes entre sí: algunas parejas, como el nitrógeno y el azufre o el fósforo y el zinc, se apoyan mutuamente y facilitan la absorción; otras, como el potasio y el calcio o el calcio y el magnesio, se oponen, y un exceso de uno puede disminuir la disponibilidad del otro.

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Necesidades y calendario 2026

Se espera que el período vegetativo 2025/26, caracterizado por una recuperación de la producción, requiera un mayor aporte de recursos en los olivares de riego.

Calendario de nutrición desglosado

Febrero – Marzo: Nitrógeno y fósforo para la recuperación vegetativa y la floración.
Abril – Junio: Boro, zinc y calcio para la floración, el cuajado de frutos y la reducción de la caída de frutos.
Julio – Septiembre: Potasio y magnesio para el crecimiento de los frutos y la resistencia al estrés.
Octubre – Diciembre: Fósforo y potasio para reponer las reservas.

La nutrición dinámica requiere decisiones prácticas basadas en tres criterios: disponibilidad de agua, vitalidad y carga productiva. En condiciones normales, se pueden utilizar aportes anuales de:

  • 90–100 kg/ha de nitrógeno;
  • 15–20 kg/ha de fósforo;
  • 70–100 kg/ha de potasio;

Las cantidades deben ajustarse según el año y el sistema de cultivo.

La aplicación de nitrógeno siempre debe dividirse en al menos dos fases, prefiriendo fertilizantes de liberación lenta o la fertilización a través de la fertirrigación en las etapas de mayor necesidad. El fósforo es más eficaz si se distribuye en la fase prevegetativa, mientras que el potasio debe coincidir con el crecimiento de los frutos y la reposición de las reservas.

Para los micronutrientes, el boro y el zinc a menudo son limitantes en suelos calcáreos. Se recomiendan tratamientos foliares antes de la floración y después del cuajado de frutos, utilizando formulaciones altamente solubles. El hierro, esencial para la consistencia de los frutos y la resistencia al estrés, puede integrarse tanto a través de las raíces como de las hojas, evitando superposiciones con el potasio para no disminuir su absorción. La fertirrigación, si está disponible, permite la distribución de pequeñas dosis semanales de N y K, manteniendo una disponibilidad constante en el perfil de la raíz y reduciendo los antagonismos.

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Sistemas intensivos
En plantaciones intensivas, que presentan una mayor competencia radicular que los olivares tradicionales y requieren un mayor aporte de nitrógeno y potasio, elementos esenciales para permitir una mayor producción por hectárea. Debido a su fisiología, son más sensibles a los desequilibrios hídricos y a las deficiencias de micronutrientes en las fases críticas del ciclo productivo. El nitrógeno debe aportarse en cantidades más altas, pero siempre fraccionadas, para evitar un crecimiento vegetativo excesivo; el potasio juega un papel clave en la calidad de la fruta; el calcio y el boro son cruciales para el cuajado de los frutos, mientras que el magnesio, a menudo un factor limitante en suelos calcáreos, afecta directamente la eficiencia fotosintética.

Sistemas superintensivos
El sistema superintensivo se caracteriza por una fisiología completamente diferente. Las plantas jóvenes, de crecimiento débil, desarrollan un sistema radicular superficial y tienen un ciclo productivo temprano. Requieren un suministro de nutrientes continuo, preciso y altamente fraccionado, siempre complementado con riego. La absorción de nutrientes se concentra en los primeros 40 cm del suelo y requiere una disponibilidad inmediata de nutrientes. La necesidad de potasio es alta y constante; la sensibilidad a la deficiencia de boro, zinc y calcio es mayor; el nitrógeno debe suministrarse en microdosis para evitar desequilibrios vegetativos que puedan afectar la cosecha mecanizada. La gestión de la fertilización también debe prevenir la salinización y la acumulación de sodio y cloro.

Conclusiones

Los huertos modernos son altamente eficientes, pero al mismo tiempo muy susceptibles a las deficiencias nutricionales. La falta de un solo micronutriente –boro para el cuajado de frutos o calcio para la firmeza– puede comprometer todo el ciclo. Por lo tanto, hasta 2026, el estado nutricional debe medirse y ajustarse en tiempo real. La integración completa del suministro de agua y nutrientes es crucial. Solo una gestión personalizada, respaldada por análisis foliares continuos, garantiza altos rendimientos, calidad del aceite y la longevidad de las plantaciones.

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Director de AIPO
Asociación Interregional
Productores de Aceite de Oliva

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