Las tormentas solares son conocidas por su capacidad para crear auroras y, al mismo tiempo, interrumpir los sistemas de comunicación por satélite en la Tierra. Sin embargo, investigaciones recientes de la Universidad de Kioto revelan una posibilidad más extrema: que la actividad solar pueda ejercer una sutil presión sobre las fallas terrestres que ya están al borde de liberar energía.
Según lo publicado por Science Daily el miércoles 25 de febrero de 2025, científicos han propuesto un modelo teórico que conecta las perturbaciones en la ionosfera, la capa superior de la atmósfera, con la presión electrostática dentro de la corteza terrestre. Subrayan que el sol no es la causa directa de los terremotos, sino un factor externo que puede desencadenar fallas que ya se encuentran en un estado crítico.
Este modelo se basa en la suposición de que las zonas de falla contienen agua en condiciones supercríticas. Eléctricamente, estas zonas actúan como un condensador gigante conectado a la superficie de la Tierra y a la ionosfera. Cuando se produce una llamarada solar intensa, la densidad de electrones en la ionosfera aumenta, formando una capa con carga negativa. Esta carga genera un campo eléctrico capaz de penetrar en las microfisuras de las rocas de la corteza terrestre.
De acuerdo con los cálculos del equipo de investigación, la presión electrostática resultante podría alcanzar niveles de megapascales, equivalentes a la presión de las mareas o la gravedad, factores que se sabe que pueden afectar la estabilidad de las fallas. Es interesante destacar que las anomalías ionosféricas a menudo se detectan justo antes de que ocurran grandes terremotos. Fenómenos como picos en la densidad de electrones o descensos en la altura de la ionosfera se han considerado tradicionalmente como resultado de presiones dentro de la Tierra. No obstante, este nuevo modelo sugiere una interacción bidireccional: los procesos dentro de la Tierra influyen en la ionosfera, mientras que las perturbaciones ionosféricas proporcionan una retroalimentación en forma de presión adicional a la corteza terrestre.
Como ejemplo, un gran terremoto en Japón, como el de la Península de Noto en 2024, ocurrió después de un período de alta actividad solar. Aunque aún no se ha demostrado una relación causa-efecto definitiva, este patrón se considera coherente con la hipótesis de que las perturbaciones ionosféricas podrían actuar como un desencadenante adicional.
Este enfoque desafía la visión tradicional que considera que los terremotos son provocados únicamente por fuerzas internas. Al combinar la física del plasma, la ciencia atmosférica y la geofísica, los científicos ahora están comenzando a considerar factores externos del espacio exterior en el análisis de riesgos sísmicos.
El siguiente paso es combinar datos de tomografía ionosférica de alta resolución basados en GNSS con datos de clima espacial. El objetivo es comprender cuándo y cómo las perturbaciones ionosféricas generan efectos electrostáticos lo suficientemente significativos como para influir en la corteza terrestre. Si se confirma, este hallazgo podría abrir nuevas vías para futuros sistemas de alerta temprana de terremotos.
Fuente: Beritasatu.com
SIGA OTRAS NOTICIAS EN GOOGLE NEWS
