Querétaro, Qro. La enfermedad de Parkinson, tradicionalmente asociada a la edad adulta, se está diagnosticando cada vez más en personas jóvenes, según recientes estudios.
En entrevista con La Jornada, el Dr. Yamil Matuk Pérez, neurólogo y especialista en Parkinson y trastornos del movimiento, señaló que la enfermedad es “más frecuente de lo que parece” y que, a pesar de ello, aún no se cuenta con métodos para prevenirla. Añadió que la mayoría de los pacientes no reciben un diagnóstico claro sobre la causa de su enfermedad, lo que dificulta su prevención.
El Dr. Matuk Pérez explicó que las características clínicas del Parkinson se dividen en dos grupos: trastornos motores y síntomas no motores. El diagnóstico se basa principalmente en cuatro síntomas cardinales: temblor (generalmente en reposo), rigidez, lentitud de movimientos e inestabilidad postural. Sin embargo, no todos los pacientes presentan los cuatro síntomas; algunos pueden tener solo dos o tres.
Origen y conceptos erróneos sobre el Parkinson
La enfermedad de Parkinson es de origen neurodegenerativo y, por lo tanto, progresiva. A nivel clínico, los pacientes experimentan una pérdida de dopamina en el cerebro, lo que puede manifestarse en temblores y lentitud. Estos síntomas motores indican una pérdida de al menos el 80% de la dopamina.
Aunque el Parkinson se asocia comúnmente con personas mayores, los síntomas pueden aparecer a partir de los 50 o 60 años, e incluso en personas de alrededor de 21 años.
El Dr. Matuk Pérez desmitificó la idea de que el Parkinson es una enfermedad mortal. “Es un mito. Cuando damos el diagnóstico, el paciente a menudo experimenta un profundo duelo. Es importante desmitificar esta idea, ya que el Parkinson es una enfermedad que puede controlarse eficazmente con tratamiento, permitiendo a los pacientes mantener una buena calidad de vida y enfrentar el futuro”, afirmó.
La calidad de vida de los pacientes puede mejorarse con tratamientos farmacológicos, aunque estos pueden generar efectos secundarios con el tiempo. En estos casos, la cirugía de estimulación cerebral profunda es una opción. El Dr. Matuk Pérez la describe como una “cirugía muy segura, con un bajo riesgo de complicaciones y un beneficio significativo”. Este procedimiento está disponible tanto en el sector privado como en instituciones públicas como el IMSS y el ISSSTE.
Los pacientes candidatos a la cirugía suelen tomar medicamentos más de cinco o seis veces al día, presentar complicaciones con los fármacos, tener más de cinco años de enfermedad o ser intolerantes a los tratamientos convencionales.
Antes de la cirugía, se realiza una evaluación neuropsicológica completa. La neuropsicóloga clínica Andrea Uribam explicó que esta evaluación analiza los procesos cognitivos y evalúa el estado emocional del paciente, identificando posibles síntomas de depresión, ansiedad o trastornos de control de impulsos, ya que la enfermedad de Parkinson puede estar asociada a estos problemas.
Calidad de vida con Parkinson
Julissa Chávez, de 53 años, es una paciente de Parkinson que fue diagnosticada a los 49 años. Debido a su intolerancia a los fármacos, fue considerada candidata a la cirugía de estimulación cerebral profunda tras una serie de exámenes.
Después de informarse sobre la cirugía, Chávez la considera “la decisión más inteligente que pude tomar”. A pesar del temor inicial que puede generar el nombre de la cirugía, ella asegura que no es tan horrible como se imagina la gente. Actualmente, Chávez no toma ningún medicamento y afirma que su calidad de vida ha mejorado radicalmente, permitiéndole llevar una vida normal, como conducir a sus hijos a la escuela o asistir a reuniones de negocios.
La cirugía, que duró cerca de 12 horas, se realizó con el paciente despierto en un 90% del tiempo. El equipo quirúrgico estuvo compuesto por neurocirujanos funcionales, neuroanestesiólogos, ingenieros biomédicos y neurólogos especializados en Parkinson. Durante el procedimiento, se introdujeron electrodos en el cerebro para estimular las regiones profundas y controlar los síntomas de la enfermedad.
Esta cirugía se realiza tanto en el sector privado como en instituciones públicas como el Instituto Nacional de Neurología y el Centro Médico Nacional Siglo XXI, del ISSSTE.
