Australia implementó a finales del año pasado una prohibición del acceso a redes sociales para menores de 16 años. En lugar de fomentar la responsabilidad individual y las normas establecidas por las escuelas o los padres, el Estado ha asumido el control. Varios países europeos también están considerando medidas similares. El objetivo principal de esta iniciativa es proteger la salud mental de los jóvenes, ya que, además de las ventajas que ofrecen las redes sociales como la educación, el entretenimiento y la conexión social, también presentan riesgos para los adolescentes, como el ciberacoso o los problemas de atención.
La prohibición australiana se dirige específicamente a las plataformas –y no a los padres o a los propios jóvenes–. Proveedores como Instagram, TikTok, YouTube o Snapchat deben garantizar que los menores de 16 años no tengan acceso a sus servicios. El incumplimiento de esta norma puede acarrear multas. Sin embargo, se ha observado que la restricción de edad en Australia puede eludirse con relativa facilidad, a menudo mediante trucos simples, como aparentar una edad mayor con maquillaje o utilizando la cuenta o el documento de identidad de hermanos mayores.
La psicóloga de los medios Lara Wolfers participará en un debate sobre este tema el miércoles a las 18:00 en la Universidad de Basilea. Según declaraciones a BaZ (Abo), Wolfers se opone fundamentalmente a una prohibición de las redes sociales y, en cambio, aboga por un aprendizaje conjunto del uso de los medios con los niños.
