La administración de Javier Milei ha impulsado una reestructuración del sistema financiero argentino a través de la eliminación de los pasivos remunerados –depósitos privados absorbidos por el Banco Central mediante instrumentos como las Lebac y Leliq–, lo que ha forzado a las entidades bancarias a enfocarse en su función principal: la concesión de crédito a empresas y particulares.
Este cambio de rumbo se inició de manera gradual en el segundo semestre de 2024, tras la coordinación entre el Ministerio de Economía y el Banco Central para transferir los pasivos remunerados, que habían alcanzado los USD 64.105 millones al finalizar el gobierno de Alberto Fernández y fueron extinguidos en julio de 2024.
Desde entonces, las estadísticas del BCRA muestran un crecimiento constante en la proporción de depósitos privados destinados al crédito a empresas y familias. Esta proporción pasó del 48,2% en el segmento de pesos (equivalente a USD 84.438 millones en noviembre de 2023) a un mínimo de 41,1% en enero de 2024, tras el ajuste cambiario que redujo los depósitos en dólares a USD 46.576 millones. Posteriormente, se recuperó hasta alcanzar el 68,6% al cabo del primer año de gestión y el 87,1% en el segundo año, llegando al 86,2% en febrero de 2026 sobre un total de depósitos en moneda nacional de USD 74.997 millones.
El crédito a empresas y familias pasó de representar el 48,2% de los depósitos en pesos en noviembre de 2023 al 86,2% en febrero de 2026; y en dólares, de 26,3% a 52,1% de esos mismos depósitos en el mismo período.
También se observó una modificación en el destino de los fondos depositados en dólares. El total de préstamos, principalmente a empresas exportadoras y, en menor medida, a aquellas que proveen insumos para la producción de bienes de exportación, aumentó de 26,3% en noviembre de 2023 (USD 3.747 millones) y un mínimo de 22,4% en enero de 2024 (USD 3.547 millones) a un máximo de 56,2% en septiembre de 2025, previo a las elecciones legislativas (USD 18.329 millones).
En febrero de 2026, esta proporción se situó en el 52,1% de los depósitos –aunque mostró una recuperación tras caer al 50,1% en diciembre–, alcanzando el monto más alto desde la salida de la convertibilidad en 2001, con USD 19.850 millones.
La retirada del Tesoro como principal receptor de los depósitos bancarios, ya sea a través de aumentos de los encajes o de forma voluntaria mediante la oferta de altas tasas de interés a corto plazo, ha generado cambios tanto en la composición de los depósitos como en el destino del crédito del sector privado.
Las colocaciones en pesos equivalentes en dólares pasaron de representar un máximo de 85,6% del total (pesos y dólares) en noviembre de 2023 a un mínimo de 65,6% en octubre de 2025 y 66,3% en febrero de 2026.
La reducción de la presencia del Tesoro como receptor de depósitos bancarios, ya sea por encajes o por voluntaria oferta de tasas, impulsó la actividad financiera con el sector privado.
En contraste, la participación de la moneda extranjera aumentó del 14,4% al 33,7% –alcanzando un máximo de 34,4% en octubre–, en línea con los objetivos oficiales de fomentar la dolarización del sistema bancario a través de la captación de “dólares en el colchón”, primero mediante el blanqueo de capitales en 2024 y, más recientemente, con la reglamentación de la Ley de Presunción de Inocencia Fiscal.
El nuevo contexto macroeconómico, con un plan de estabilización de precios que permitió reducir la inflación mensual del 25,5% y el 211,4% anual en diciembre –tras el ajuste cambiario, el aumento de las tarifas y la flexibilización de los precios regulados– a menos del 3% y el 33% respectivamente en la actualidad, ha provocado que los depósitos para transacciones corrientes de empresas y familias pierdan peso en el total, mientras que los vinculados al ahorro (plazos fijos a tasa de interés y ajustables por inflación, en dólares) ganan terreno.
Empresas y particulares optan por plazos más largos, depositando sus excedentes en el sistema bancario por más de 30 días.
Las imposiciones transaccionales pasaron de representar el 45,3% al final del gobierno anterior al 28,9% actual. Disminuyeron en 27 meses de la presidencia de Milei, de un equivalente agregado de USD 44.736 millones a USD 32.634 millones (27,1%). No obstante, si se toma como referencia diciembre de 2023 –posterior a la devaluación–, aumentaron un 9 por ciento.
Los depósitos para ahorro se incrementaron del 54,7% al 71,1% del total, alcanzando los USD 80.435 millones. Crecieron un 49,1% con el nuevo gobierno y un 125,3% en comparación con el primer mes de gestión.
Las variaciones relativas fueron menos pronunciadas en cuanto al destino del crédito bancario. La proporción de préstamos totales a empresas en pesos y dólares (incluyendo adelantos en cuenta corriente, descuentos de documentos y líneas especiales para el sector productivo, así como el total en moneda extranjera) pasó del 50,9% en noviembre de 2023 y el 52,8% en diciembre de ese año al 54,4% en la actualidad. Mientras tanto, los préstamos a individuos disminuyeron del 49,1% al 45,6 por ciento.
En términos de monto equivalente en dólares, ambos segmentos crecieron: 103,2% y 76,7% respectivamente, alcanzando los USD 45.935 millones y USD 38.573 millones.
A pesar de estos cambios, el sistema financiero local sigue estando rezagado en comparación con otros países, con depósitos privados totales (en pesos y dólares) equivalentes al 16% del PBI y préstamos por debajo del 12% del PBI, mientras que en la región se sitúan en torno al 75% en Chile y Brasil; 57% en Paraguay; 55% en Ecuador; 46% en Perú; 40% en Colombia; 35% en Bolivia; 31% en Uruguay; y 27% en México, según los últimos datos del Banco Mundial para 2024.
Gabriel Martino, empresario y ex CEO del Banco HSBC, afirmó en Infobae en Vivo que el desafío para los bancos es reinventarse. “Los bancos ganan dinero prestando”, recordó, y subrayó que para que el sistema vuelva a funcionar se necesitan tasas de interés en pesos “ligeramente positivas” –superiores a la inflación– y una baja volatilidad que genere confianza a largo plazo.
