Un pasajero de Ryanair relata una experiencia frustrante tras la cancelación de su vuelo de Bristol a Dublín en octubre del año pasado, debido a las condiciones climáticas adversas provocadas por la tormenta Amy. La aeronave, tras dos intentos fallidos de aterrizaje, fue desviada al aeropuerto de Manchester, donde los pasajeros permanecieron a bordo durante seis horas sin recibir refrigerios gratuitos.
Según el relato del pasajero, identificado como RC, residente de Bishop’s Tawton, Devon, el personal de Ryanair prometió organizar taxis y alojamiento, pero no hubo representantes de la aerolínea disponibles al momento del desembarque, dejando a los pasajeros abandonados en una terminal desierta. RC y otros viajeros se vieron obligados a costearse un taxi hasta un hotel y, al no encontrar vuelos disponibles al día siguiente, tuvo que regresar a Bristol en autobús.
El incidente le costó a RC 900 libras esterlinas, pero Ryanair inicialmente se negó a reembolsar el billete ni a cubrir los gastos de hotel y transporte, alegando que el vuelo había sido registrado como aterrizado en Dublín. La situación cambió únicamente después de que la aerolínea fuera interpelada y admitiera haber proporcionado información incorrecta, procediendo finalmente a reembolsar el coste del vuelo y a ofrecer compensación por los gastos adicionales.
El pasajero también denunció que Ryanair inicialmente negó la obligación de proporcionar refrigerios gratuitos durante la prolongada espera, argumentando que el bar de a bordo estaba abierto, para luego admitir que se trataba de un servicio de pago, con la posibilidad de reclamar el importe a través de su portal en línea, una opción que, según el relato, probablemente no habría resultado en una solución efectiva.
