Ereván, 11 de marzo de 2026 – La declaración de paz firmada el pasado agosto en Washington entre Armenia y Azerbaiyán, aunque ha generado cierta esperanza, no ha aliviado la difícil situación de los residentes desplazados de Nagorno-Karabaj, según denuncia Artak Beglaryan, exministro de Estado y defensor de los derechos humanos de la región.
En declaraciones a France 24, Beglaryan reconoció que la noticia es “relativamente buena”, pero lamentó que el acuerdo “no contenga nada sobre Nagorno-Karabaj ni sobre su población”.
La declaración fue firmada por el primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, y el presidente azerbaiyano, Ilham Aliyev, en presencia del presidente estadounidense, Donald Trump. Aliyev afirmó en una entrevista con France 24 que “la paz se ha logrado” con Armenia.
Sin embargo, Beglaryan considera que el acuerdo está muy lejos de ser suficiente. “La declaración no dice nada sobre los derechos, la seguridad o el estatus de las 150.000 personas de Nagorno-Karabaj. Nadie nos consultó. […] Al menos políticamente, sí, hemos sido traicionados por las autoridades armenias”, declaró.
Desde que Azerbaiyán retomó el control de la región en 2023, casi todos los armenios han huido. “Fuimos desplazados a la fuerza. El sufrimiento de mi pueblo es inmenso”, afirmó el exministro de Estado, quien también criticó duramente al gobierno armenio.
“El primer ministro Pashinyan afirma estar orgulloso de los resultados y dice que debemos olvidar nuestro regreso. Eso es absurdo. Armenia fue parte del conflicto y anfitriona de refugiados, y debería haber hecho todo lo posible para proteger nuestros derechos”, añadió.
Beglaryan también denunció lo que describió como violaciones continuas de los derechos humanos. Aliyev se ha negado a conceder clemencia a los líderes separatistas de Nagorno-Karabaj, que han sido condenados a cadena perpetua.
“Aliyev es un líder nazi. Él y su régimen han cometido crímenes, incluyendo crímenes contra la humanidad y genocidio contra nuestro pueblo”, sentenció Beglaryan.
Ciego desde un accidente con una mina terrestre, Beglaryan afirma que las autoridades azerbaiyanas querían castigarlo personalmente. “Yo nunca luché. Solo defendí los derechos de mi pueblo. Y, sin embargo, somos castigados por nuestra mera existencia”, concluyó.
