Tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, que cobraron la vida de 2,977 personas (sin contar a los 19 secuestradores) tras el impacto de aviones contra las Torres Gemelas, el Pentágono y un campo en Pensilvania, algunos sectores en Washington abogaron por reafirmar el poder disuasorio de Estados Unidos y demostrar su capacidad de acción.
En ese contexto, también se manifestaron voces, identificadas como “neo-conservadoras”, que proponían una reconfiguración del Medio Oriente, promoviendo la democracia y eliminando las dictaduras consideradas hostiles a los intereses estadounidenses. Algunos incluso sugerían un orden de prioridades: primero Bagdad, y luego Teherán, lo que evidencia que Irán ha sido un tema de interés estratégico durante mucho tiempo.
