“Cuando algo es difícil, sigues adelante”. Así define la resiliencia Phoebe, una niña de nueve años que asiste a la escuela primaria Nettlefield en Belfast. Esta simple pero poderosa definición es el corazón de un creciente movimiento para fortalecer la fortaleza emocional de los niños, especialmente después de las interrupciones causadas por la pandemia de COVID-19.
La escuela primaria Nettlefield participa en un programa de tres años llamado Resilient Child (Niño Resiliente), desarrollado por la organización benéfica local Young at Art. El programa utiliza el arte, la expresión y la creatividad como herramientas para enseñar a los niños a ser resilientes y actualmente trabaja con seis escuelas en Belfast, centrándose especialmente en apoyar a los niños de familias con bajos ingresos.
Según Eibhlín de Barra, directora de Young at Art, el programa surgió de la necesidad de apoyar a los niños que regresaban a un mundo cambiado. Después de la pandemia, los desafíos que enfrentaban los jóvenes se intensificaron, lo que generó una mayor ansiedad por el fracaso y dificultades para reintegrarse al entorno escolar. De Barra explica que la resiliencia no se trata de “tener la piel gruesa”, sino de desarrollar un conjunto de habilidades que permitan a los niños adaptarse a situaciones difíciles y alcanzar su máximo potencial con una mentalidad optimista para el futuro.
Los maestros han reconocido cada vez más la necesidad de fomentar la resiliencia en los niños después de la pandemia, con muchos reportando dificultades en el desarrollo social y emocional de los estudiantes.
