Un día en la playa es beneficioso para la mente. Investigadores explican por qué la costa tiene una influencia tan positiva en nuestro bienestar mental. Nueva investigación respalda lo que millones de turistas saben desde hace tiempo: el mar aporta relajación, calma y curación. Según expertos, las llamadas “zonas azules”, como las áreas costeras, ofrecen beneficios únicos tanto para el cuerpo como para la mente.
Ya en el siglo XVIII, la talasoterapia se utilizaba para tratar enfermedades como la tuberculosis y la lepra. En aquel entonces, se creía que el agua de mar salada tenía propiedades curativas. Hoy en día, los estudios demuestran que los entornos naturales contribuyen realmente a la recuperación: los pacientes con vistas a la naturaleza se recuperan más rápido que aquellos que solo miran una pared de piedra.
El psicólogo Mat White descubrió en 2010 que las personas califican las fotos de entornos naturales con agua como más atractivas y relajantes que los bosques o las montañas. La costa obtuvo la puntuación más alta. Según los psicólogos ambientales, este entorno permite la recuperación de la atención. El cerebro cambia a un enfoque más suave, lo que requiere menos energía mental.
El amplio horizonte y el sonido rítmico de las olas crean una sensación de perspectiva y asombro. Esto ayuda a ver las preocupaciones cotidianas desde una perspectiva diferente. Los científicos se refieren a este fenómeno como “fascinación suave”: estímulos que captan tu atención sin requerir mucho esfuerzo mental.
La costa funciona como un gimnasio natural: las personas están más tiempo y son más activas allí, ya sea caminando, nadando o jugando. Combinado con la reducción del estrés, esto conduce a una mejora de la calidad del sueño. Una extensa investigación muestra que las personas que pasan más tiempo en entornos azules o verdes duermen mejor.
