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Fósil revela batalla épica entre depredadores marinos del Cretácico

by Editor de Tecnologia

Investigadores han identificado al gigante pez Xiphactinus como el responsable de una mordedura fatal preservada en un fósil de plesiosaurio Polycotylus. El descubrimiento proviene de un diente roto incrustado en la garganta de un reptil marino de 4 metros de longitud, proveniente del antiguo Alabama.

Esta única lesión proporciona evidencia directa de que los depredadores más grandes de los mares del Cretácico eran capaces de asestar golpes fatales entre sí.

Xiphactinus vs. Polycotylus

Un reptil marino de cuatro metros de largo, preservado en la tiza de Mooreville en Alabama, lleva el diente incrustado atravesando una de las vértebras de su cuello.

Mediante el examen de ese hueso, Stephanie Drumheller de la Universidad de Tennessee, Knoxville (UT Knoxville) identificó el diente como perteneciente al gigante pez depredador Xiphactinus.

El diente permanece alojado profundamente dentro de la vértebra, roto en ambos extremos y preservado sin signos de curación, lo que indica que la lesión ocurrió en el momento de la muerte o poco antes.

Ese claro vínculo físico entre atacante y víctima deja poco margen a la ambigüedad sobre la fuente de la mordedura, pero plantea nuevas preguntas sobre cómo ocurrió el ataque.

Escaneos resuelven la mordedura

Debido a que el diente estaba aplastado en ambos extremos, su exterior por sí solo no podía revelar quién había mordido al animal.

El equipo utilizó tomografía computarizada –un escaneo que muestra estructuras interiores ocultas– para inspeccionar el hueso sin cortarlo.

Dos estudiantes de pregrado de UT Knoxville, Miles Mayhall y Emma Stalker, separaron digitalmente el diente y construyeron un modelo tridimensional que expuso su curvatura.

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Una vez que la forma oculta se hizo visible, el caso se redujo a un único pez óseo gigante que vivía en esas aguas.

El largo cuello de Polycotylus

Los cuellos daban a estos nadadores un gran alcance, pero también exponían las partes blandas que mantenían al animal respirando y haciendo circular la sangre.

Al analizar la herida, F. Robin O’Keefe de Marshall University vinculó la lesión a los tejidos blandos expuestos del cuello.

“Los plesiosaurios son famosos por sus largos cuellos, pero esos cuellos tienen un precio”, dijo el profesor F. Robin O’Keefe, profesor de ciencias biológicas en Marshall University.

Un golpe allí podría desgarrar la vía aérea y los principales vasos sanguíneos, dejando al animal con pocas posibilidades de sobrevivir.

¿Pelea o alimentación?

Sin embargo, la mordedura no determina el motivo, ya que un animal muerto y uno cazado pueden parecer inquietantemente similares después de ser enterrados.

Normalmente, Xiphactinus parece haber tragado presas más pequeñas enteras, no haber cortado trozos de un cuello grande como este.

“Este fósil es un buen recordatorio de que la naturaleza rara vez es tan sencilla”, dijo Drumheller.

Eso deja tres opciones serias: una cacería, un enfrentamiento violento o una mordedura realizada poco después de la muerte.

Bajo oxígeno, descomposición lenta

La preservación sugiere que el animal permaneció cerca de la superficie solo brevemente antes de hundirse fuera de su alcance.

Una herida en el cuello que cortara la vía aérea también podría reducir la presión pulmonar y la flotabilidad, enviando el cadáver hacia abajo antes.

Debajo de la superficie esperaba agua anóxica, agua con casi nada de oxígeno, donde la descomposición y el carroñeo se ralentizaron lo suficiente como para mantener el esqueleto unido.

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Ese rápido descenso ayuda a explicar por qué este animal sobrevivió como un cuerpo casi completo en lugar de huesos dispersos.

https://www.earth.com/news/fossil-find-polycotylus-plesiosaur-taken-out-by-bigger-predatory-fish-xiphactinus-alabama/Scientists discovered a huge tooth from Xiphactinus embedded in the neck of a fossil of a four-metre-long Polycotylus plesiosaur from the Mooreville Chalk of Alabama. Credit: University of Tennessee
Científicos descubrieron un enorme diente de Xiphactinus incrustado en el cuello de un fósil de un plesiosaurio Polycotylus de cuatro metros de largo de la tiza de Mooreville en Alabama. Crédito: Universidad de Tennessee. Haz clic en la imagen para ampliar.

Un ecosistema violento

La tiza de Mooreville en Alabama ya ha producido marcas de mordeduras de tiburones, reptiles marinos y otros peces grandes.

Esas heridas mapean un ecosistema donde varios depredadores se alimentaban de presas superpuestas, cadáveres y, a veces, entre sí.

Algunos huesos de las mismas rocas incluso provienen de animales terrestres que fueron arrastrados a la costa y fueron masticados después de su llegada.

En ese contexto, un diente en una garganta parece menos una anomalía y más parte de un patrón violento.

Preguntas sobre la dieta de Xiphactinus

Otro fósil ayudó a enmarcar la sorpresa: Xiphactinus es famoso por aparecer con otro pez aún empacado dentro de su cuerpo.

Un espécimen bien conocido en el Sternberg Museum muestra un pez más pequeño preservado dentro de un Xiphactinus más grande.

Ese estilo de alimentación convirtió a un largo cuello en un objetivo extraño, porque atacar el cuello era arriesgado y no proporcionaba mucha comida.

La falta de correspondencia empuja la escena hacia el combate o la mordedura oportunista en lugar de un intento limpio de tragar a la presa.

Evidencia del modelo digital

En el artículo, los autores describieron un diente cónico, ligeramente curvo y con un gran centro hueco.

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Esos detalles encajan con un pez óseo grande y descartan a los tiburones y los reptiles marinos conocidos de las mismas rocas.

El modelo también mostró daños en la base y la punta, lo que explicó por qué el diente parecía tan confuso en la superficie.

Esa lectura cuidadosa fue importante porque el fósil ya había sido dañado por el entierro, la descomposición y la preparación mucho antes del escaneo.

Los roles de depredador se difuminan

Durante años, las redes tróficas fósiles a menudo clasificaban a los antiguos cazadores en roles ordenados, con un grupo persiguiendo a ciertas presas y evitando a otras.

Esta mordedura desafía esa imagen ordenada porque un pez gigante parece haber atacado a otro depredador superior en un lugar vulnerable.

Incluso cuando las especies normalmente se alimentaban de manera diferente, la competencia, el pánico o el azar aún podían convertir a los vecinos en oponentes mortales.

Esa lección más amplia le da al fósil de Alabama más valor que el impacto, mostrando lo caóticos que podían volverse los antiguos ecosistemas.

¿Qué significa la mordedura de Xiphactinus?

Un hueso de cuello dañado ahora vincula colecciones antiguas de museos y nuevas imágenes a una historia directa de violencia entre los antiguos depredadores más grandes.

Es posible que más fósiles con marcas de mordeduras muestren si este fue un accidente raro o parte de un patrón más amplio oculto en la tiza de Alabama.

El estudio se publica en la Journal of Vertebrate Paleontology.

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