La historia de amor de Tracy Crisp y Adrian Tracy comenzó cuando ella tenía 18 años y se casaron a los 23. Crisp describe a Adrian como alguien que la hacía reír, que era inteligente y que se veía bien con pantalones cortos deportivos. Sin embargo, lo que más amaba era la autenticidad de su pareja, su honestidad sin pretensiones. “Adrian siempre ha sido lo que ves”, explica, añadiendo que nunca tuvo que cuestionarse quién quería que fuera, sintiéndose amada por quien realmente era.
Crisp recuerda que enamorarse de Adrian y planificar una vida juntos, en una etapa en la que buscaba su lugar en el mundo, le pareció a la vez seguro y emocionante. Su relación ha estado marcada por los viajes; al día siguiente de su boda en 1992, emprendieron un viaje de mochileros sin fecha de regreso. Siempre habían hablado de vivir en el extranjero con sus hijos. En 2009, se mudaron a una ciudad desértica a 12 horas de distancia, después de que Adrian recibiera una oferta de trabajo en Abu Dabi. Poco después de llegar, Crisp cumplió 40 años y Adrian le regaló un sencillo anillo de plata y un colgante a juego.
Crisp admite que su primer año en Abu Dabi estuvo marcado por ataques de pánico y noches de insomnio. En un momento particularmente difícil, mientras se preparaba para acostar a sus hijos, comenzó a llorar sin motivo aparente, llena de un miedo paralizante. Le preguntó a Adrian si ese era su destino, si esa sería su nueva realidad. Él la tranquilizó, diciéndole que la conocía desde hacía mucho tiempo y que eso no duraría para siempre. “Está bien”, le dijo, y al escuchar esas palabras, Crisp sintió que podía creer en el futuro que él veía.
En 2016, decidieron que Crisp regresaría a casa con los niños mientras Adrian permanecía en Abu Dabi hasta encontrar un trabajo en Australia. Este período de separación, que duró casi dos años, fue desafiante pero enriqueció su relación. Crisp recuperó su autonomía y aprendieron a valorar la presencia del otro como nunca antes.
Aunque su trabajo creativo es fragmentado y carece de reconocimiento convencional, Crisp admira la exitosa carrera de Adrian como ingeniero. Sin embargo, disfruta de las oportunidades inesperadas que su trabajo le brinda para colaborar con él: Adrian construye los decorados, trabaja como acomodador y le lleva el almuerzo durante los ensayos técnicos. Además, le ofrece un apoyo emocional incondicional y es el contrapunto cómico en muchas de sus obras. Recientemente, antes de la presentación de su espectáculo, le agradeció a Adrian por estar a su lado, a lo que él respondió con entusiasmo: “Me encanta”.
Crisp tiene grandes planes para cuando ambos se jubilen. Cuando Adrian se retire en los próximos diez años, planean viajar por Australia con sus espectáculos, con ella escribiendo y actuando, y Adrian como técnico de sonido itinerante.
En una reciente vacación, Crisp comenzó a llamar a Adrian “Esposo Influencer”, pidiéndole que simplemente tomara fotos de ella y dijera: “Te ves bien, cariño”. Cuando publicó las fotos, varias personas comentaron sobre el anillo que llevaba, el mismo que Adrian le regaló al cumplir 40 años. Crisp no usa su anillo de bodas, ya que siempre se ha sentido ambivalente con el matrimonio.
Sin embargo, el sencillo anillo de plata que Adrian le regaló cuando estaban lejos de casa y ella se sentía vulnerable, lo usa todos los días.
Share your experience
Do you have a romantic realisation you’d like to share? From quiet domestic scenes to dramatic revelations, Guardian Australia wants to hear about the moment you knew you were in love
