Mientras la atención se centra en la guerra entre Israel y Estados Unidos con Irán, los esfuerzos para consolidar el frágil acuerdo de alto el fuego en Gaza –que fue negociado por la administración Trump hace casi seis meses– dieron un paso tentativo el martes en las Naciones Unidas.
Uno de los principales obstáculos desde que se alcanzó el acuerdo entre Israel y Hamás ha sido la cuestión del desarme de Hamás y otros grupos militantes en Gaza.
El martes, el representante especial, Nickolay Mladenov, encargado de llevar a cabo este proceso, compartió los primeros detalles sobre cómo se supone que debe llevarse a cabo.
Al dirigirse a una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Mladenov explicó que las armas más peligrosas –cohetes, municiones pesadas, explosivos y rifles de asalto– serían abordadas primero, y que las armas quedarían bajo el control del Comité Nacional para la Administración de Gaza, una autoridad palestina de transición establecida bajo los auspicios del acuerdo de alto el fuego.
Mladenov subrayó que el desarme se llevaría a cabo “en paralelo con una retirada escalonada” de las fuerzas israelíes de Gaza.
Afirmó que este marco había sido aprobado por los cuatro Estados garantes del acuerdo –Estados Unidos, Egipto, Turquía y Qatar– y apeló a la comunidad internacional para que presionara a los grupos militantes para que entreguen sus armas.
Además, Mladenov dijo que el marco incluye “vías para que las personas actualmente afiliadas a grupos armados vuelvan a la vida civil con dignidad, a través de arreglos de amnistía estructurados y programas de reintegración”.
Sin embargo, no reveló cuándo podría ocurrir todo esto.
“No entraré en los detalles operativos de los plazos o el estado de nuestras discusiones con las partes. El acuerdo sobre la implementación del marco requiere espacio, y pido a todos que respeten ese espacio”, dijo Mladenov.
